En el barrio de Benicalap, algunos de los bienes culturales más singulares de la ciudad Valencia llevan años sufriendo un abandono escandaloso, tal y como ya denunciamos en Benicalap, el barrio invisible de Valencia que sigue a la espera de poder recuperar su patrimonio. Entre ellos, destaca la que que sería la joya de la corona en una capital que de verdad le importase su patrimonio: La Ceramo de Benicalap, la fábrica de tejas y mayólicas más antigua de la Comunitat Valenciana en pie que, por desgracia, permanece cerrada desde 1992 sin un proyecto de rehabilitación a la vista.
Situada en el número 142 de la Avenida de Burjassot, su destino ha sido víctima de promesas vacías, retrasos infinitos, notas de prensa precocinadas de los distintos gobiernos municipales y artículos patrocinados en diarios subvencionados de nuestra tierra. Desde Rita Barberá hasta Joan Ribó, y ahora con María José Catalá, la fábrica ha permanecido (y permanecerá) en el limbo, sin mantenimiento regular, con fachadas pintarrajeadas y grafitis que se tapan con chapuzas superficiales, mientras la maquinaria administrativa sigue repitiendo excusas.

El consistorio asegura que el Servicio de Proyectos Urbanos “tiene los encargos de gestión de la redacción de los proyectos de ejecución de las Obras de Rehabilitación y Recuperación de la antigua fábrica de tejas y mayólicas La Ceramo”, y que la Delegación de Acción Cultural “estudia la posibilidad de destinarla a usos culturales relacionados con la cerámica”. Esta es una respuesta que, año tras año, se ha convertido en la contestación al ciudadano por registro de entrada, un mantra burocrático sin consecuencias reales.
Según registros de entrada a los que ha tenido acceso este medio, facilitados por vecinos y entidades, las contestaciones del Ayuntamiento suelen ser textualmente:
“La antigua fábrica de La Ceramo, edificio de naturaleza demanial, de servicio público, con destino urbanístico (SQM) Equipamiento Dotacional Múltiple, del que no consta adscripción a ninguna delegación, consta que el Servicio de Proyectos Urbanos tiene los encargos de gestión de la redacción de los proyectos de ejecución de las Obras de Rehabilitación y Recuperación de la antigua fábrica de tejas y mayólicas ‘La Ceramo’ y de su entorno vinculado” y, además, “la Delegación de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales está estudiando la posibilidad de destinar la Ceramo a usos culturales que podrían estar relacionados con la cerámica”.
La realidad es que desde 2016 se viene anunciando su rehabilitación, y cada legislatura añade su propio capítulo de promesas incumplidas: con la difunta Rita Barberá, después con Sandra Gómez en Urbanismo y Joan Ribó, y ahora con María José Catalá, los anuncios se suceden sin que se vea un avance tangible. Cada nota de prensa del consistorio parece más un acto de marketing que un compromiso real, una especie de «tenemos que decir lo que sea, así quien busque en Google verá que se está haciendo algo».
Mientras tanto, el edificio sigue en ruinas, incluido en la lista roja del patrimonio español de Hispania Nostra, esperando catas arqueológicas y presupuestos anunciados, mientras el avance en la rehabilitación es prácticamente imperceptible. La fábrica, que fue un símbolo de la excelencia industrial y del modernismo valenciano, sigue agonizando, víctima de un Ayuntamiento que incumple su obligación legal de custodiar y conservar el patrimonio cultural.
Vecinos de Benicalap, entidades locales de lucha en el barrio y asociaciones como Círculo por la Defensa del Patrimonio llevan denunciado su grave estado, principalmente esta última mencionada, donde ha trasladado su situación ante el Síndic d’Agravis, requiriendo ante ella medidas urgentes de seguridad, salubridad y ornato público. Sin embargo, el consistorio sigue escondido, dejando que la joya arquitectónica que dio a Valencia reflejos metálicos para la Estación del Norte, el Mercado Central o el Mercado de Colón se pierda lentamente bajo peligro de derrumbe y capas de pintura plástica y grafitis.
No se trata solo de ladrillos o grafitis: se trata de memoria, cultura y responsabilidad. El político que gobierna está porque ha sido votado por el pueblo, al que debe servicio. Su puesto no es eterno, y es por eso que debe comprender que debe trabajar no por su interés o por su partido, sino por la ciudad y su gente. La historia de Valencia no puede esperar a las excusas de despacho: quien gobierna tiene el deber de actuar antes de que el patrimonio se convierta en ruina irreparable.
Y no es de extrañar que la ciudadanía se resista a depositar su voto por este y otros tantos motivos: después de décadas de promesas incumplidas, chapuzas a la vista y excusas repetidas, es comprensible que muchos se sientan cansados y desilusionados, trasladando este mismo sentimiento a decenas de cosas más. La abstención, en este caso (o el simple hecho de no perder un domingo para votar en unas elecciones), es más que un acto de rebeldía: es un grito silencioso de frustración ante quienes deberían proteger el legado de todos.
La historia de La Ceramo:
La historia de La Ceramo se documenta muy bien en tesis de Sara Soriano Giménez «La recuperación de la industria cerámica de la Valencia bajomedieval. Estudio y metodología aplicada al caso práctico de La Ceramo«, donde nos habla que se remonta a finales del siglo XIX, cuando José Ros Surió (1841-1928) y Julián Urgell Pubill (1854-1900) solicitaron en 1888 la licencia para construir una fábrica de cerámica con hornos en los terrenos que Urgell había adquirido en Benicalap, entonces anexionado a Valencia. La sociedad Ros y Urgell se constituye oficialmente en 1889, con la actividad de fabricar tejas, mayólicas de estilo neomudéjar, ánforas, jarrones, loza polícroma y monocroma, loza dorada y, especialmente, cerámica de reflejo metálico, técnica originaria de Bagdad y traída a la península por los musulmanes en el siglo X.
La fábrica se construyó sobre un gran terreno delimitado al norte por tierras de Joaquina Aracil y Eximeno, al sur por la vía férrea de Valencia a Liria, al poniente por la carretera de Valencia a Ademuz y al levante por el Camino Viejo de Burjassot. Los socios se trasladaron a vivir en las instalaciones, construyendo viviendas dentro del complejo industrial.
La Ceramo destacó internacionalmente: en 1891 participó en la Exposición de cerámica de Budapest, obteniendo un diploma de honor, y en 1892 volvió a ser galardonada en la Exposición de Industrias Artísticas de Barcelona. La emperatriz de Austria, Isabel “Sissi”, adquirió piezas de cerámica de reflejo metálico, consolidando su prestigio internacional.
Tras la disolución de la sociedad en 1895, José Ros Surió continuó al frente de la fábrica hasta 1898, año en que se convirtió en propietario único. La dirección pasó a su hijo José Ros Ferrer (1870-1945) y posteriormente a José Ros Ferrandis (1901-1981), pintor y académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, quien decoró el edificio con murales y bocetos que reflejan tanto la tradición cerámica como encargos artísticos locales, como la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario del Cabañal.
El edificio, de ladrillo, consta de una gran nave, patio interior, salas de torno, talleres de pintura, hornos y almacenes. Su fachada neomudéjar combina influencias orientales y musulmanas: arcos de medio punto con intención de herradura, columnas decorativas con capiteles egipcios y cimacios ornamentados, torrecillas circulares y yeserías de estilo granadino. Sobre la puerta se mantiene la inscripción con el nombre de la fábrica, actividad, propietario y un escudo de Valencia, incompleto, junto con inscripciones en árabe que evocan sus raíces históricas.
De La Ceramo salieron piezas emblemáticas que decoran la ciudad: la Estación del Norte, Mercado Central, Mercado de Colón, Jardines de Monforte, Palacete de Ayora, almacenes de la Isla de Cuba y la Finca Roja. Destacó especialmente por la cerámica de reflejo metálico, así como por la reproducción del Jarrón de las Gacelas, considerada la obra cumbre de la cerámica nazarí del siglo XIV.
La fábrica permaneció en manos de la familia Ros hasta 1990, cuando fue vendida a Alfonso Pastor, cerrando definitivamente en 1992 tras su quiebra. Hoy, su legado patrimonial es irrefutable, pero la realidad de su abandono amenaza con borrar físicamente este testimonio del modernismo y la excelencia cerámica valenciana.
Os recomendamos enormemente la lectura de Entrevista a Alfonso Pastor Moreno, último propietario de La Ceramo (1989-1992) | Lejos del Tiempo, donde podréis comprender porqué este lugar necesita urgentemente que lo recuperen.
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El mejor homenaje que se puede rendir a Alfonso Pastor es muy sencillo: proceder a la total rehabilitación del conjunto industrial LA CERAMO DE BENICALAP.
Mi amigo Alfonso Pastor Moreno se ha ido definitivamente, sin ver cumplido su principal y más anhelado sueño: rescatar de la ruina la antigua fábrica de tejas y mayólicas «La Ceramo»
Después de numerosos y fracasados intentos por lograr la recuperación de la antigua fábrica de tejas y mayólicas «La Ceramo», Alfonso ha partido, sin haber logrado ver rehabilitada una de las más emblemáticas y maravillosas fábricas.
La incapacidad institucional para priorizar la total recuperación de ese espacio artesanal que fue «La Ceramo» es, clara y abiertamente, la constatación de un desinterés crónico por activar mecanismos legales y administrativos que, hagan posible rescatar del olvido y la ruina más ignominiosa, un elemento arquitectónico irrepetible y singular, reflejo de una actividad que fue puntera y doto de prestigio internacional a nuestra Comunidad Valenciana.
Sirva la presente y breve nota, como un merecido homenaje a Alfonso Pastor Moreno, persona que fue fiel a sus principios, a la vez que leal compañero y amigo, con el que tuve la suerte de compartir innumerables charlas y campañas.
¡Qué la tierra te sea leve, Alfonso!
¡Qué pronto veamos recuperar el brillo a «La Ceramo», un espacio arquitectónico que es mucho más que una simple fábrica artesanal!
No podemos ni debemos permitir que la ruina siga devorando los muros y tejados de ese monumento, de ese espacio que nos vincula a nuestra tierra, máxime cuando es propiedad municipal desde hace bastantes años.
El único y mejor homenaje que podemos ofrecer a Alfonso Pastor y a todos los valencianos de bien es -ahora mismo- exigir a las autoridades locales y autonómicas, que procedan a impulsar la recuperación integral de «La Ceramo» como un espacio museístico vivo, vinculado al Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias «González Martí.
Larga vida allá dónde te encuentres, querido amigo y compañero del alma, Alfonso.
Y, por supuesto, le pese a quien le pese, larga vida a la fábrica de tejas y mayólicas «La Ceramo», que intentó -con inusitada pasión y tesón- rescatar de la ruina y del olvido mi gran amigo y compañero de batallas culturales, Alfonso Pastor Moreno.
Antonio Marín Segovia
ex presidente de Cercle Obert de Benicalap.
NOTA: El pasado 15 de marzo de 2026, Alfonso Pastor falleció.
Alfonso Pastor Moreno , fue profesor de la escuela Superior de cerámica de Manises y especialista en cerámica de reflejo metálico en la antigua fábrica Céramo de Benicalap.
Toca redoblar esfuerzos en aras a lograr un compromiso firme en los próximos presupuestos municipales, que permitan impulsar un verdadero proyecto de reconstrucción/rehabilitación del conjunto industrial de «LA CERAMO».
Es el momento oportuno. Es el homenaje que debemos ofrecer a Alfonso Pastor.
Las propuestas fueron formuladas en su día por escrito, con el visto bueno del Ministerio de Cultura. Toca intervenir al ayuntamiento de Valencia y a la Generalitat.