Hoy nos situamos en la calle del Mar para hablar de un lugar que pocos relacionan con la historia de la Valencia judía. En esta calle se encontraba el acceso principal a la Sinagoga Mayor del Call, situada, según la hipótesis de Rodrigo Pertegás, aproximadamente entre las actuales calles de Medina y Ruiz de Lihory.
Aquel templo dejó de ser sinagoga tras el asalto a la judería de 1391 y, poco después, fue convertido en una iglesia dedicada a San Cristóbal, templo cristiano que finalmente fue derribado en 1869 con la apertura de la calle de la Paz y del que únicamente queda su recuerdo con la cercana calle de San Cristóbal. La elección de este santo no fue casual y está ligada a una curiosa historia que mezcla violencia, propaganda y supuestos milagros.
En el verano de 1391, numerosas juderías de la península fueron asaltadas. Tras la matanza de Sevilla, los disturbios se extendieron rápidamente hasta Valencia, donde el 9 de julio una multitud irrumpió en la aljama al grito de «¡Bautismo o muerte!». El ataque provocó la muerte de numerosos judíos, mientras que otros huyeron o se vieron obligados a convertirse al cristianismo para salvar la vida.
La actual calle del Mar fue la vía principal de la antigua Judería de Valencia, calle a la que se entraba por el portal de la Figuera, puerta que estaría en lo que sería la actual plaza de la Reina (recordemos que la Judería tenía otros accesos, como eran la Puerta de la Xerea o puertas secundarias de comunicación como el Portal de la Judería o los Judíos, la Puerta de En Esplugues y la Puerta Exarca o del Pagador.

Tras estos acontecimientos, los reyes don Juan y doña Violante reorganizaron la judería en un emplazamiento mucho más reducido. La antigua Sinagoga Mayor quedó fuera de sus nuevos límites y, junto con el resto de las sinagogas de la ciudad, fue clausurada. Según explica Rubén Gregori Bou en «A SEMBLANT QUE HOM PINTA SENT CHRISTÒFOLBAUTISMOS Y MILAGROS EN VALENCIA (1391)«, mientras las sinagogas menores desaparecieron, la principal fue convertida en 1392, justo un año después, en iglesia cristiana bajo la advocación de San Cristóbal. El nuevo templo pasó, además, a convertirse en el lugar de reunión de los judíos conversos.
Una historia cuenta que los judíos que sobrevivieron al asalto de la Judería de Valencia de 1391 huyeron de la ciudad, en gran parte, y otros se bautizaron al cristianismo por miedo a represalias. Cuentan que algunos judíos, antes del asalto, afirmaron haber escuchado unas voces que emergían de la Sinagoga Mayor de alguien que decía ser San Cristóbal, quien les amonestaba a recibir el bautismo. Como habían hecho oídos sordos al llamamiento, el asalto lo consideraron un castigo de Dios. Tras escuchar esta historia, las autoridades derribaron la sinagoga y se encontraron debajo de ella una imagen de San Cristóbal, de ahí que el templo que sustituyese a la sinagoga fuese dedicado a San Cristóbal.
Curiosamente, esa imagen de finales del siglo XIV sigue existiendo, aunque se encuentra actualmente en otro emplazamiento: en el Real Monasterio de San Cristóbal que hay junto a la calle Alboraya. Eso sí: de la imagen original solo queda la cabeza. ¿El motivo? Pues en la Guerra Civil española, la figura de San Cristóbal fue escondida en la Alfarería Riera sita en la calle Alboraya, pero ante la presencia de milicianos en el lugar, la imagen fue escondida en el horno encendido, con lo que la misma se quemó a excepción de la cabeza. Después de la guerra una nueva imagen fue tallada colocando la cabeza original del santo (imagen de portada de este artículo, la cual se venera cada año en julio por la festividad del santo con una procesión a cargo de la Cofradía de San Cristóbal en el barrio de la Trinidad) y así permanece hasta el día de hoy, tal y como bien menciona don JdiezArnal en MONASTERIO DE SAN CRISTOBAL
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¿Por qué se eligió precisamente a San Cristóbal? De acuerdo con la tradición, la elección de este santo estuvo motivada por uno de los supuestos milagros ocurridos durante la noche del pogromo. Según recogen Marilda Azulay y Estrella Israel en La Valencia judía, el dominico Francisco Diago relató que, antes del asalto, varios judíos aseguraron haber escuchado en el interior de la sinagoga la voz de San Cristóbal exhortándolos a recibir el bautismo. Al ignorar aquella advertencia, interpretaron la destrucción de la judería como un castigo divino.

Esta historia, con el tiempo, fue modificada y se le añadieron más pasajes que acentuaban este supuesto milagro. En la Década Primera de la Historia de la Insigne y Coronada Ciudad y Reyno de Valencia (1610), Escolano llegó a poner en boca de San Cristóbal una advertencia dirigida a los judíos: «Recibid el Bautismo y desocupadme esta casa, que el Señor ordena que se dedique a mi nombre».
A continuación, relata que durante tres días siguió resonando la advertencia. Finalmente, decidieron excavar el lugar del que procedían las voces y descubrieron una pequeña imagen de San Cristóbal. Tras el asalto, volvieron a escucharse las voces y, temerosos, los judíos mostraron su voluntad de convertirse. Otra versión sostiene que fueron las autoridades eclesiásticas quienes excavaron los cimientos del templo y encontraron la imagen, tras lo cual decidieron dedicarlo a San Cristóbal.

Más allá del supuesto milagro, la elección de San Cristóbal también tenía un componente simbólico. Según la tradición cristiana, antes de convertirse había servido a distintos señores hasta comprender que el único digno de seguir era Cristo. Desde entonces, dedicó su vida a servirle, convirtiéndose en un símbolo de la conversión. Por ello, dedicar la antigua sinagoga a San Cristóbal reforzaba el nuevo papel del templo.
Sin embargo, la veracidad de estos supuestos milagros ha sido puesta en duda por los historiadores. No se conoce la identidad del supuesto judío que afirmó haber presenciado aquellos hechos ni existen testimonios que los corroboren. De hecho, también se contaron otros milagros que validaban la conversión de los judíos como resultado de la voluntad divina, como que las crismeras de las iglesias aparecieron llenas milagrosamente al día siguiente de haber comenzado los bautismos para poder seguir convirtiendo.
Conforme a Gregori Bou, según algunos consejeros del rey, los milagros proclamados tras el asalto a la judería pudieron ser una invención de las autoridades valencianas para justificar los hechos y evitar un castigo por parte de la Corona. Al mismo tiempo, estos relatos ayudaban a apaciguar a la población y a prevenir nuevos disturbios.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia.
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