• El alicantino Abelardo Toledo Carchano registró la patente en julio de 1912 de la que sería la primera máquina de escribir española. Su producción comenzaría justo un año después, en 1913, en un taller de la calle Guillem de Castro de Valencia. 

Las máquinas de escribir, a lo largo de la historia más reciente de los últimos siglos, han sido herramientas indispensables en las oficinas de todo el mundo, así como también en la literatura, el periodismo, el teatro, el cine y otras actividades que requerían escribir desde finales del siglo XIX hasta las últimas décadas del XX, momento en e cual llegan las primeras computadoras personales, en el último cuarto del pasado siglo, y comienza su declive.

Fue, sin duda alguna, uno de los grandes inventos del siglo XIX, aunque su historia se remonta un siglo antes. A pesar de que a lo largo del mencionado siglo se fueron forjando ideas e invenciones de lo que sería la primera máquina moderna, no es hasta 1873 cuando se fabrica el primer modelo industrial por E. Remington and Sons, cuya patente compró en 1872 a Christopher Sholes por repudiar la máquina.


En España fue la neoyorkina Underwood, sobre todo la Nº 5 (creada en 1900) la máquina más utilizada y considerada como la primera máquina de escribir auténticamente moderna. Su reinado fue duradero, durante bastantes años, aunque en el primer cuarto de siglo del XX tuvo una seria competidora nacional que merece especial mención por haberse producido en Valencia.

Y todo gracias a un alicantino, cuyo honor recae en Abelardo Toledo Carchano (Gorga, Alicante 1880 – 1948), pintor que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia que registró la patente en julio de 1912 de la que sería la primera máquina de escribir española (su producción comenzó en 1913). Como ya hemos mencionado, hasta la fecha, las marcas extranjeras, sobre todo la neoyorkina Underwood o la alemana Torpedo, eran las reinas.

El diseño y funcionamiento de la Victoria compartía características de la máquina de escribir Torpedo alemana y la Underwood norte americana. El precio de la Victoria, sin embargo, era un 20 o 25% más bajo que las marcas extranjeras más económicas, ya que estas tenían un incremento de precio debido a los aranceles.

 

Museu de la Tècnica de l’Empordà. Figueres

Empresario valenciano de gran éxito, formó sociedad con Felipe Ferrer, quien aportó el dinero, para crear la sociedad Ferrer y Toledo con producción en la calle de Guillem de Castro nº 77 de Valencia, posteriormente trasladada a otra dirección y denominada Industrial Valenciana Victoria en 1923 con la entrada de nuevos socios -en concreto, Industrial Victoria, S. A.-.

Dado que el precio de la Victoria era menor que las competidoras extranjeras -sobre todo porque no tenía que pagar aranceles-, además de que llegó a impresionar a políticos e incluso al Rey de España, la máquina obtuvo gran éxito en la época, llegando incluso a todos los centros oficiales nacionales y provinciales, así como ayuntamientos y organismos oficiales de nuestro país desde 1917, ya que era obligatoria la adquisición de una máquina de escribir Victoria por lo dictado en la R.O. de 12 de abril de 1917 con arreglo a la ley de protección a las industrias, aunque también estuvo en universidades y otros centros educativos y culturales.

Quizá, gran parte de “culpa” de este éxito lo tuviera su presentación en sociedad, a finales de 1914, en el Congreso de los Diputados, razón por la cual, los políticos, recomendarían -y se obligaría años después con una Real Orden- su uso en organismos.

Hasta cuatro modelos diferentes llegaron a producirse: la inicial, en 1913; y otros tres nuevos modelos patentados en 1915, 1919 y 1927. El nombre de Victoria rendía homenaje a Victoria Eugenia de Battenberg, reina de España y esposa de Alfonso XIII, quien este último, en mayo de 1915, recibió a los empresarios valencianos en el Palacio Real para ser obsequiado con una máquina de escribir Victoria que estuvo expuesta en la Puerta del Sol en la época -la máquina todavía sigue en manos de la familia real Borbón, una joya con flores de lis y coronas en el carro y con adornos de oro y plata-.

Al parecer, el declive de esta máquina comenzó a finales de los años 20, como en algunos periódicos de época se puede ver y que aportamos con el siguiente recorte.

Boletín oficial de la provincia de Palencia – Año XLIII Número 129 – 19 de octubre de 1928

Industrial Victoria, S. A., que solicitó en 1928 la patente de una nueva máquina de escribir denominada Hispania y que fue concedida años después, fue vendida a una empresa catalana antes de la llegada de la II República. Nuestro protagonista, Abelardo Toledo -quien fallece en 1948 a los 68 años de edad-, una vez abandonada la empresa que levantó, crea cerámica La Esfinge en Manises, en 1926, dedicada a cerámica tradicional y otras piezas de época.

UNA INDUSTRIA ESPAÑOLA (ABC, 17 de abril de 1918, página 2): 

“…A Valencia le cabe el orgullo de haber sido la primera capital española donde se ha montado una fábrica de máquinas de escribir.

Y la satisfacción se le debe a los prestigiosos industriales Sres. Ferrer y Toledo, productores desde hace cinco años de la renombrada máquina Victoria, tan conocida ya de los españoles, por utilizarse ésta en numerosos centros del Estado, con arreglo a la ley de protección a las industrias.

Concurren en los Sres. Ferrer y Toledo circunstancias análogas, que ponen de relieva su amor a la producción y a Valencia, porque tratándose de hombres a disposición independientemente económica, sin herederos y con fortuna cuantiosa, acometieron la empresa de construir las máquinas de escribir, lanzando al mercado el modelo número I, que es de sistema completamente diferente a los otros ya conocidos.

Claro que algunos amantes de España tildan la producción nuestra como deficiente, pero eso es una consecuencia lógica del amor a su Patria, pensado siempre en que el trabajo del extranjero vale más.

Sucede con ello algo parecido a lo del famoso cantante andaluz que debutó con el apellido de Marcobini y obtuvo un señalado triunfo; después, valiendo, indudablemente, lo patearon porque se apercibieron algunos de que era español y se llamaba Marco a secas.

Dejemos a los detractores de las cosas españolas discutiendo en los cafés, para no perder el tiempo, y convengamos en que en España se producen otras tan excelentes o más que en el extranjero.

Las máquinas Victoria constituyen un ejemplo de este aserto.

Todos recordarán el modelo número 2 de las referidas máquinas de escribir, que los Sres. Ferrer y Toledo regalaron hace dos años a S. M. el Rey, y cuya máquina, expuesta en un escaparate de la Puerta del Sol, llamó la atención del público por el arte y lujo como estaba ejecutada.

El Rey, el primer español, agradeció el presente y dedicó elogios al sistema por su perfecto mecanismo.

Y no terminaremos estos datos sin elogiar el esfuerzo que supone crear obreros a fuerza de tiempo y desembolsos, pues en referida industria trabajan solo obreros valencianos.

Los Sres. Ferrer y Toledo, disponiendo de elementos económicos sobrados, pudieron traer a España mecánicos expertos en estos trabajos; pero como amantes de Valencia y España, prefirieron dejar a su Patria los beneficios de la obra y la gloria de la fabricación…”.

 

 

 

 

Fuentes: 

  • La foto de portada es una máquina de escribir Victoria de 1917, foto del Museu de la Tècnica de l’Empordà de Figueres.
  • ABC, 17 de abril de 1918.
  • La primera máquina de escribir “nació” en Alicante. Diario Información, 1 de marzo de 2015.
  • Museu de la Tècnica de l’Empordà. Figueres
  • 101 hechos legendarios en la historia de Valencia, Salvador Raga. Pág, 333 y 334, “82.- El fututro a golpe de tecla”.

 

 

 

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