Más de 400 torres campanario de la diócesis de Valencia, que son los más antiguos conservados en la actualidad, realizarán los tradicionales toques de difuntos, durante los días 1 y 2 de noviembre, con motivo de la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y la conmemoración de Fieles Difuntos (2 de noviembre), respectivamente.

Estos toques de difuntos “son los más antiguos conservados en la actualidad y se hacen, generalmente, con campanas fijas y con algún momento de aceleración”, indica Francesc Llop, presidente de la Asociación de Campaners de la Catedral de Valencia.

En la Catedral, el día 1 de noviembre, a las 19:30 horas, “se harán los tres toques denominados de ´clamoreo` o muerto solemne, que se repetirán el día 2 de noviembre para laudes y para la misa conventual, a las 9 horas, y otro toque al mediodía”.

El “clamoreo” es uno de los toques de difuntos antiguos que se han recuperado en los últimos años y data del siglo XV, según Llop, que añade que “cada uno de los toques de difuntos o clamores tiene tres partes”.

En las dos primeras partes “siete de las campanas de la Catedral repican a toda velocidad, construyendo una especie de clamor de fondo, y dos mayores alternan lentamente” mientras que en el tercer toque “suenan las nueve campanas, con subidas y bajadas de volumen, hasta concluir con un toque al unísono, finalizando con toque de ánimas con una campana mediana”, señala.

Asimismo, el “clamoreo” acompañaba los entierros “pero también servía para anunciar los fallecimientos de personalidades significativas”. Se da la circunstancia que “según la tradición, dos campanas del Micalet no forman parte de los toques de difuntos, concretamente la Bárbera y la Caterina, que antiguamente se llamaban las morlanas”.

Además, antiguamente existían hasta doce clases distintas de toques a muerto “según la edad, la categoría social y la posible pertenencia a algún grupo o cofradía del fallecido, aunque ahora el toque de difuntos es igual para todos”. También figuraban “los toques de agonías”, que anunciaban que un enfermo estaba a punto de morir.

“Antiguamente, en pueblos y ciudades, había de tres a doce clases distintas de toques a muerto, y ahora se toca a todos por igual, aunque indicando casi siempre el sexo del difunto: tres golpes de dos o más campanas para hombres y dos para mujeres al principio y al final del toque”. Los toques indicaban la edad, la categoría social, y la posible pertenencia a algún grupo o cofradía del fallecido.

 

Entre los toques de difuntos perdidos figura “afortudamente” el de “párvulos o “albats”, puesto que “la mortalidad infantil es ahora prácticamente nula”. Sin embargo, “hace cien años, este era el toque que sonaba más y sobre todo, y aunque parezca mentira, en los meses de verano, donde los bebés se morían deshidratados”.

 

Incluso, esta clase de toque “se tocaba con alegría para los niños que no habían tomado la comunión, “els albaets” pues se suponía que eran ángeles que iban directamente al cielo”. Además, el entierro era de blanco, con una caja a menudo abierta, llevada por niños y niñas, “mientras las campanas repicaban alegremente”

 

Asimismo, “los toques de agonías”, que anunciaban que un enfermo estaba a punto de morir, desparecieron hace mucho tiempo, posiblemente siglos”. Los últimos que se tocaban “era para los arzobispos en la Catedral, pero eso desapareció al menos antes de la guerra”, ha añadido. Según Llop, “en algunos lugares fueron suprimidos porque afectaba negativamente al ánimo de los moribundos”, aunque tenían otra finalidad, “y era anunciar el próximo desenlace a la comunidad para que todos rezasen por el que estaba a punto de fallecer”.

 

También los toques diferenciaban antiguamente las clases sociales. “Si para los niños solía haber un par de clases (ricos y pobres, directamente) para los adultos había, en los pueblos, por lo general, cuatro: En la primera tocaban todas las campanas, generalmente oscilando, al menos en nuestras tierras, y sonaba desde el momento de la muerte hasta el entierro, a cada toque de oración: al alba, al mediodía, al atardecer”.

 

Igualmente, las campanas tocaban “más para adultos que para niños, más para clérigos que para seglares, más para hombres que para mujeres”. Así los toques de mujer eran siempre pares, generalmente dos en nuestra tierra, y los de hombre, impares y uno más, tres. “Y luego había complejas reglas locales: cuatro para sacerdote, o diez o doce, según los lugares, o veinte, o cincuenta si era el arzobispo, el cardenal o el papa y también el rey, que recibía los mismos honores que Su Santidad”, ha matizado.

 

Tras el Concilio Vaticano “fueron desapareciendo todas esas tradiciones, de manera muy repentina: desaparecieron los velos de las mujeres y las corbatas negras o el lazo negro cosido en la chaqueta de los hombres y también los toques de difuntos”. Sin embargo, “hace unos pocos años, de la mano de los campaneros que resurgen, vuelven a sonar las campanas”.

 

Francesc Llop, presidente de la Asociación de Campaners de la Catedral de Valencia.

Mestres Campaners recupera el toque de difuntos en Santa Mónica

Por su lado, Mestres Campaners de Valencia realizará el toque de difuntos que recuperó el año pasado desde el campanario de la Real Parroquia del Salvador y Santa Mónica de Valencia, una recuperación que ha supuesto “el reencuentro con una bella música del pasado, sonando triste por su mensaje pero magníficamente digna para ser compartida”, han explicado desde la asociación de campaneros.

Así, el 1 de noviembre por la tarde los campaneros realizarán el toque manual del tradicional “clamoreo” en Santa Mónica, de 19 a 19:30 horas, mientras que el día 2 sonará el “Toc Civil de hombre”, en el que se utilizan las dos campanas más pequeñas y las dos más grandes, de 8:30 a 9 horas y de 10:30 a 11 horas, y de nuevo el “clamoreo” a las 12 horas y por la tarde, para la misa solemne de difuntos, a las 19 horas.

También en la parroquia de San Miguel y San Sebastián de Valencia los campaneros realizarán el “clamoreo”, de 18 a 18:30 horas.

 

 

 

 

Fuentes:

 

 

 

 

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