• El restaurante Lluna de Valencia, una antigua alquería del siglo XVI ubicada en plena huerta valenciana, destaca por ser un local especializado en arroces (sobre todo el meloso de bogavante) y comida mediterránea, además de que disponen de carta vegana y servicio de almuerzos tradicionales valencianos.
  • Si bien su elegante comedor está decorado con muebles antiguos y otros elementos llamativos, como tapices y una colección de antiguos relojes, su olivo milenario, gran símbolo del restaurante, es el que da la bienvenida al local dejando claro al comensal que el lugar es especial.
  • Tienen carta, menú del día de lunes a viernes, menús especiales y, en las noches de los sábados y domingos, las cenas se amenizan con música de piano de la mano de Antonio Fontales, un gran compositor de música clásica y concertista de piano.

En un rincón de la comarca de L´Horta Nord, rodeada de huerta valenciana, campos de chufa y en pleno término municipal de Almàssera (a un paso de Valencia capital), se encuentra una preciosa alquería restaurada del siglo XVI que tiene una gran historia que contar: el restaurante Lluna de Valencia.

Si bien esta narración, podríamos decir, comienza a finales del anterior siglo mencionado, nuestro relato es más bien cercano, una historia cuyo inicio tiene lugar a finales del XX, en concreto en el año 1984, momento en el que don José Antonio Martí Adell -anfitrión y gran persona que nos recibió con los brazos abiertos-, compra una alquería para restaurar y cumplir su gran sueño: recuperar un espacio patrimonial para abrir su restaurante.


Entre anécdotas, historias, confesiones y degustando una gastronomía cercana y de la tierra, basada en una cocina de mercado y tradicional, don Antonio nos abrió las puertas de su restaurante (ubicado en Camí del Mar nº56, Almàssera) para brindarnos la oportunidad de conocer las entrañas de un lugar mágico que evoca elegancia y aires de otros tiempos, un espacio atípico, familiar y cercano que lleva desde 1988, año de su inauguración, ofreciendo servicio.

Con orgullo y palabras humildes, Tony -como le conocen- nos cuenta grandes historias de los 31 años que lleva abierto su restaurante, lleno hasta los topes en nuestra visita. Si bien percibimos en sus palabras, en algunos momentos, añoranza o tristeza -sobre todo al hablarnos de amigos y clientes que ya no están entre nosotros, o de cómo aguantaron la crisis-, su discurso fue alegre al relatarnos como había llegado hasta aquel momento, con alguna que otra anécdota graciosa.

“Cuando contaba por entonces, a los arquitectos, cómo veía imaginado mi futuro restaurante, antes de la recuperación de la alquería, ellos no veían lo que yo. Imagínate contar todo lo que mi cabeza pensaba ante una alquería casi en ruinas. Yo les pedía preservar las dos alturas, aunque subir una de ellas (para dos comedores), mantener el techo histórico, conservar la fachada y otros elementos. Como me decían que no, o no veían lo que yo visualizaba, soltaba aquello de “no han entendido nada”, imagínate”.

En la actualidad, si bien el interior de la alquería destaca por su elegante y curiosa decoración (parece un auténtico museo), ya que está llena de tapices con más de 150 años, una bella colección de antiguos relojes, grandes lámparas, espejos de estilo francés o cuadros de 1900, entre otros elementos, no mucho menos destacable es su exterior, presidido por el que podríamos decir que es el símbolo del restaurante, el olivo milenario más antiguo que hay cercano a Valencia capital: La Pajarera.

Entrada del Restaurante Lluna de Valencia

El olivo milenario del Restaurante Lluna de Valencia

Interior del Restaurante Lluna de Valencia

“Cuando quise comprar el olivo milenario, en Villar del Arzobispo, me tomaron por loco sus propietarios, una pareja de agricultores que lo tenía en sus tierras. Yo llevaba tiempo buscando uno para traerlo al restaurante, y me lo encontré de casualidad. No me creyeron cuando les dije que lo quería comprar, y hasta que no vieron el dinero, pensaban que me faltaba algún tornillo. ¿Para qué querrá éste un olivo tan grande? Pensaban que lo quería para utilizar su madera y no para replantarlo, y no querían vendérmelo”, nos comenta Antonio entre risas. “No te puedes ni imaginar lo que costó traerlo, ya que pesa 22 toneladas. Tuvimos que volver a por él una segunda vez porque la primera vez no pudimos levantarlo”. El olivo, cuya última cosecha fue de 970 kilos de aceitunas, hoy preside con orgullo la entrada del restaurante Lluna de Valencia, un árbol protegido como patrimonio arbóreo monumental de la Comunidad Valenciana.

Destacan, además, otros elementos exteriores que dan la bienvenida al restaurante, como un antiguo pozo, un molino, una almazara -molino donde se obtenía el aceite a partir de la aceituna- o una pequeña construcción en forma de barraca situada en el parking gratuito para los clientes.

Mientras seguíamos conversando y escuchando historias del lugar, como la del origen del nombre del restaurante -lo de Lluna de Valencia viene porque pensó que la alquería, antes de ser restaurante, se quedaba “a la luna de Valencia”, fuera de las murallas de la ciudad-, degustamos tres entrantes de su carta antes del arroz a banda, de los que recomendamos, enormemente, dos de ellos, ya que son especialidad de la casa: la coca de calabacín con queso de cabra; y el pastel de Berenjena con colas de langostinos. Increíbles, como el arroz a banda (aunque nos arrepentimos de no pedir el meloso de bogavante, ya que escuchamos a varias mesas cercanas a nosotros decir lo bueno que estaba).

Coca de calabacín con queso de cabra del Restaurante Lluna de Valencia

Pastel de Berenjena con colas de langostinos del Restaurante Lluna de Valencia

Arroz a banda del Restaurante Lluna de Valencia

Su licor artesano de horchata -sí, de horchata- está muy bueno -podemos dar fe-, el cual puede comprarse allí mismo en el restaurante o a través de Amazon, como también otras elaboraciones de licor de arroz, naranja o, incluso, una confitura de chufas.

Licor de horchata del Restaurante Lluna de Valencia

En sus postres, destaca la tradicional Corona de l´horta o el pudin de horchatas y fartones con chufas.

Visionario, loco –como así lo llamaron algunos-, amante de los caballos -así nos confesó- y apasionado en coleccionar cosas antiguas, como por ejemplos antiguos carruajes, don Antonio se despedía de nosotros dándonos las gracias por una agradable y amena conversación, invitándonos a repetir su cocina en otra ocasión, algo que, sin duda, volveremos a hacer.

Por cierto, nos comentan que sus almuerzos con olivas y cacau del collaret, en especial el bocadillo de carne de potro con ajos tiernos y un posterior cremaet, son uno de los motivos por el que es el conocido el restaurante Lluna de Valencia. Habrá que volver antes de lo pensado.

 

 

 

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