Junto al kilómetro 303 de la antigua N-III en dirección Buñol desde Siete Aguas, frente a la llamada autovía del Este o A-3, a la altura del viaducto de Buñol, se encuentra una curiosa y pequeña capilla que llama poderosamente la atención tanto al paso de la antigua carretera como desde la distancia, cuando se viaja por la autovía.

Este rincón aguarda en su interior un santo que protege a aquellos que pasan por la zona con su vehículo. Hablamos de San Cristóbal, el patrón de los conductores, donde la costumbre de la gran mayoría de conductores al paso por aquí manda que, tras pasar junto a la imagen del mártir asesinado, se debe pitar para pedirle protección -los hay incluso que pitan a razón del número de ocupantes del vehículo que conducen. Por cierto, recordad que el código de circulación permite el uso del claxon en contadas ocasiones, y que no queremos ser motivo de incitación a pitar o de culpables de que os denuncien-.

Sabemos que la talla de San Cristóbal protege a los conductores de la autovía porque está de espaldas a la nacional, mirando hacia la autovía al paso de los vehículos por el viaducto.

Junto a la pequeña capilla/ermita se puede ver también flores, velas y algún que otro objeto o nota -esto último en alguna que otra ocasión-, donde todos ellos dan las gracias al santo, le honran o, simplemente, se encomiendan a él para tener protección en la carretera, sobre todo conductores profesionales como pueden ser camioneros o transportistas en general.

Curioso lugar que vale la pena destacar, una capilla construida e inaugurada en 1994 con la colaboración de José Hernández Puente (10 de julio de 1994) con un altar donado por la falla Ventas el 8 de julio de 1995, según puede leerse en ambas inscripciones que hay dentro de la pequeña caseta del santo -en el exterior puede leerse “San Cristobal, Buñol, 1994”.

Tal y como podemos leer para comprender el motivo de porqué San Cristóbal es el patrón de los conductores, de acuerdo con la leyenda de su vida, sabemos que Cristóbal, llamado inicialmente Reprobus -un cananita de 5 codos de altura (unos 2,3 metros) y con una cara aterradora- conoció a un ermitaño que le instruyó en la fe cristiana. Con el tiempo se preguntaba a sí mismo cómo podía servir a Cristo. Cuando el ermitaño le sugirió que se fustigara y rezase, Cristóbal replicó diciendo que él no estaba dispuesto a realizar ese servicio. El ermitaño le sugirió después que, a causa de su tamaño de su fuerza, podría ayudar a Cristo ayudando a la gente a cruzar un peligroso río donde la gente perecía en el intento. El ermitaño le prometió que ese servicio le complacería a Cristo.

Cuando Cristóbal ya había llevado a cabo ese servicio durante un tiempo, un niño pequeño le pidió que le hiciera cruzar el río. Durante la travesía, el río creció y el niño parecía tan pesado como el plomo, hasta tal punto que Cristóbal apenas lo podía llevar y se encontraba con una gran dificultad. Cuando finalmente alcanzó el otro lado, le dijo al niño: “Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú”. Y el chico respondió: “Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del mundo, sino al hombre que lo creó. Yo soy Cristo, tu rey, a quien tu has servido en este oficio”. Posteriormente, el niño se desvaneció.

Cristóbal visitó posteriormente Licia y fue acogido por los cristianos, que fueron martirizados. Fue llevado ante el rey local, y se negó a realizar sacrificios a los dioses paganos. El rey intento ganárselo con riquezas y enviándole a dos bellas mujeres para tentarlo. Cristóbal convirtió a las mujeres al cristianismo, como ya había convertido a cientos en la ciudad. El rey ordenó matarlo. Tras varios intentos fallidos, Cristóbal fue decapitado.

Existen otras tallas situadas en capillas o ermitas cercanas a una carretera, como la de Sinarcas o la de Requena frente a la carretera N-III Madrid-Valencia, concrétamente a la altura del km 278.

 

 

 

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