La localidad alicantina de Cocentaina conmemora cada 19 de abril el “Milagro de las lágrimas” en honor a los hechos ocurridos en el primer cuarto del siglo XVI, cuando la imagen de la Virgen del Milagro lloró 27 lágrimas. El origen de este milagro está explicado en www.virgendelmilagro.es

En 2020, el domingo 19 de abril se cumplió el V Centenario del mencionado milagro, el cual tradicionalmente se celebra en el monasterio de la Virgen del Milagro, aunque con la crisis sanitaria mundial, se celebró a puerta cerrada con la retransmisión por YouTube, televisión y radio de la misa mayor.

De esta forma, “se han conmemorado los 500 años del milagro ocurrido el 19 de abril de 1520 cuando el icono de nuestra patrona, la Mare de Déu del Miracle, lloró 27 lágrimas, hecho que cambió el sentir y la devoción de todo un pueblo, y que con motivo de este quinto centenario, Cocentaina se encuentra inmersa en el Año Santo concedido por la Santa Sede”, explicó desde la Comisión para la propagación de la devoción a la Virgen del Milagro.

Debido a las indicaciones sanitarias y a la pandemia del Covid-19 “quedaron suspendidas todas las peregrinaciones a Cocentaina y los actos de entidades locales que quedaban por realizar” y han sido pospuestos los actos de sus fiestas patronales, previstos del 18 al 23 de abril, por decisión de la Pía Unión Virgen del Milagro, “que está estudiando la posibilidad de realizar los actos centrales de la fiesta el próximo mes de octubre, coincidiendo con el medio año de la festividad, pero está por confirmar”.

La Virgen del Milagro

Según la tradición, “el 19 de abril de 1520, el icono bizantino de la Virgen Inmaculada que presidía la capilla de San Antonio Abad, en el Palacio Condal, lloró lágrimas de sangre mientras el sacerdote Mossén Onofre celebraba la eucaristía y en tiempos de peste, cuando asolaba la comarca. Desde entonces, la virgen es la patrona del municipio, donde le ofrendan una procesión y traslado de la imagen de la Mare de Déu, entre otros actos.”. Actualmente el Salón de Embajadores de dicho palacio “exhibe el protocolo notarial, firmado por don Juan Luis de Alzamora en 1520, en el que quedó constancia del ´Milagro de la Mareta`”.

Quinientos años después, “la Virgen ha querido que este 19 de abril nos lleve a la sencillez de aquel 1520, cuando en una pequeña capilla del Palacio Condal, ante un sacerdote, un monaguillo y los condes, en presencia del Señor en la Eucaristía la Virgen lloró 27 lágrimas de sangre que coronaron su rostro”.

icono que lloró en 1520 en la capilla de los Condes de Cocentaina

La localidad alicantina de Cocentaina celebra cada año su fiesta de la Virgen del Milagro, recordando el momento en que la imagen de la Virgen que los condes guardaban en la capilla de su palacio lloró el 19 de abril de 1520, acontecimiento recogido con todo detalle por un acta notarial en valenciano 5 meses tras los hechos, en la que los testigos (el sacerdote y otros notables que lo vieron e investigaron) describieron el suceso con solemnes juramentos.

No es habitual que un acta notarial con diversidad de testigos dé fe de un hecho milagroso, pero es bien sabido que en la España del siglo XVI no escaseaba ni la burocracia ni el papeleo.

“Yo celebraba la dicha Misa de la Navidad de la Sacratísima Virgen María […] y habiendo asumido el Cuerpo Precioso de Nuestro Redentor Jesucristo en la última post-comunio, que fue de Conceptione Virginis Mariae, miré la dicha imagen de la Sacratísima Virgen María, que estaba con la cara cubierta por un velo de hilo y seda. Vi la cara de la dicha imagen cubierta toda de sudor. Entonces me paré y miré mejor qué era”, declaró bajo juramento el sacerdote, Onofre Zatorre, hombre culto (“Bachiler en Artes”).

El sacerdote esperó a que terminase la misa. “Y tomé entonces la dicha imagen y levanté el velo para mirar mejor ese sudor, cuyo velo estaba sobre la dicha imagen todo cosido, y rompí el velo en presencia del dicho Faxardo, y con el cuarto dedo de la mano izquierda toqué una gota de sudor, que estaba bajo el ojo izquierdo, y la dicha gota se extendió a modo de señal del dedo, y queda el vestigio del dedo en la cara de la imagen”, especifica el acta notarial.

Ante el notario Luis Johan Alzamora, “por autoridad Apostólica y Real escribano del Magnífico Consejo de Cocentayna”, se arrodillaron ante el altar y juraron por Dios, con la mano sobre los Evangelios, que es verdad lo que dice el “reverendo mosén Onofre Zatorre, presbítero Bachiller en Artes”, don Guillem Roiz de Corella, y Gostanti Fajardo y otros testigos.

Especifican también que el párroco interrogó a Fajardo y se constató que la capilla del palacio de los condes solía estar cerrada con llave, “y que ni él ni nadie más había abierto la iglesia sino cuando llegó el dicho mosén Onofre para decir la misa”.

Los testigos declararon ante el escribano que el sacerdote miró detrás de la imagen “para ver si por ventura la madera tenía alguna miel que produjese ese sudor”. También examinaron la imagen los maestros Diego de Peralta (organista) y Jerónimo Prisco (carpintero) y juraron con las manos sobre los Evangelios “que dicho sudor no procedía de la madera sino que está en la cara de la imagen, que es cosa de milagro”. Aparece mencionado también como testigo “Mestre Francisco Lleuzina, Mestre en sacra Theología, que al dicho milagro había venido”. El escribano firma el documento “a XII de Septembre Any MDXX” (es decir, el 12 de septiembre de 1520).

 

El acta notarial del milagro se guardó hasta 1836 en Cocentaina, después apareció en la ciudad de Alcoy en 1960 (la encontró el cronista oficial de Alcoy, Rogelio Sanchis). Circulaba transcrita también en el libro “Historia de la Villa y Condado de Concentaina” [sic] por el R. P. Luis Fullana Mira, O. F. M. (Valencia, 1920). El texto completo se puede leer en www.religionenlibertad.com

La Mareta tiene, además, un himno.


 

 

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