Paradójicamente, los primeros cajones flamencos fabricados por una empresa en España no nacieron en Andalucía, sino en Valencia, más concretamente en Manises de la mano de NP Drums, que cuenta con tienda online en NP Drums tienda. Si bien es cierto que todo comenzó con un viaje a Sevilla, ninguna empresa antes comercializaba de manera importante con este instrumento, únicamente existían producciones muy pequeñas bajo demanda o de manera artesanal. ¿Queréis conocer la historia? Allá vamos.
Todo tiene un origen: el nacimiento del cajón peruano como instrumento de expresión ante la represión.
Comencemos por el principio y por el lugar al que corresponde, que no es España. ¿Sabías que el origen de las mal llamadas cajas flamencas o cajón flamenco se remonta al siglo XVI en Perú? En aquella época, la Iglesia Católica les prohibió por decreto a los esclavos africanos, llevados a América del Sur por la Corona Española, tocar los tambores.
Ante la negativa eclesiástica los esclavos se pusieron manos a la obra para lograr sustituir aquel instrumento que tanta vida le daba. Tras darle muchas vueltas, al final descubrieron que podían tocar música para sus fiestas y tradiciones aprovechando los cajones de mercadería que encontraron. Así, de esta forma tan curiosa, nació un instrumento que, pese a haber sufrido cambios, adaptaciones y versiones, se ha convertido en la actualidad en la percusión popular del mundo entero.
Los esclavos africanos traídos por los españoles en Perú buscaban formas de expresarse musicalmente al estar prohibidos de usar tambores. Aprovechaban cajas de madera y otros objetos cotidianos para crear ritmos en celebraciones y manifestaciones artísticas, convirtiendo estos utensilios en un medio de protesta y expresión cultural. Siglos después (en el XX), Porfirio Vásquez, músico afroperuano, lo transformó en el instrumento que conocemos hoy, con sus medidas estándar y el característico agujero central.
El origen del cajón flamenco (realmente cajón peruano) en España:
A España, llegó gracias a uno de los genios del panorama flamenco, el gran Paco de Lucía, quien en los años 70 del siglo XX descubrió este peculiar cajón en sus viajes y giras por Perú. Quedó prendido de su sonido y la compenetración del mismo con el rasgar de las cuerdas de la guitarra, por lo que decidió incorporarlo a su repertorio a manos del percusionista Rubem Dantas y traerlo a España.
Fue en 1977, durante una gira por América del Sexteto de Paco de Lucía (en el que también formaban parte Jorge Pardo, Carles Benavent, Rubén Dantas, Ramón de Lucía o de Algeciras y Pepe de Lucía), cuando el famoso guitarrista descubrió el cajón en una fiesta organizada por el embajador de España en Perú. La cantautora Chabuca Granda actuaba acompañada por un músico que tocaba este instrumento: Caitro Soto. Al escuchar el sonido, Paco de Lucía se sintió asombrado y comenzó a tocar la guitarra con él. En ese momento, Rubem Dantas, músico brasileño, se sentó en el cajón y tocó un compás por bulerías, comprobando que funcionaba perfectamente. Desde entonces, el cajón se convirtió en una revolución dentro de la música flamenca.
La pronta adaptación del cajón peruano al flamenco:
Paco de Lucía reconoció que el cajón encajaba perfectamente con la percusión del flamenco, que tradicionalmente se hacía con las palmas. El cajón ofrecía mayor consistencia y precisión. Además, su sonido agudo recordaba al tacón de un bailaor y el grave al zapateado. También destacaba por ser fácil de transportar.
Decidió llevarlo a España y lo utilizó por primera vez en una actuación en el teatro del parque de atracciones de la Casa de Campo en Madrid. Desde entonces, el cajón se incorporó a la tradición del flamenco (tal fue su éxito, tal y como él mismo menciona, que al poco tiempo muchos ya tenían un cajón en sus casas).
Semanas después de descubrirlo en Perú, el grupo de Paco de Lucía ofreció un concierto en el parque de atracciones de la Casa de Campo de Madrid. Eran espectáculos gratuitos que se habían vuelto muy populares: uno podía pasar la tarde disfrutando de las atracciones y, al caer la tarde, dejarse envolver por la música. Aquella jornada, las primeras filas se llenaron de familias flamencas que llevaban años residiendo en la capital, entre ellas los Porrina y los Habichuela. Los más jóvenes, especialmente Ramón Porrina y Antonio Carmona, quedaron maravillados con el curioso artilugio que tocaba Rubem Dantas.
Era 1977 y conocí al grupo “Dolores”, que me gustó mucho por su juego de percusiones y ritmos. Así que en la gira de ese año vinieron conmigo Jorge Pardo, “El Bodega”, en los vientos; Pedro Ruy Blas en la batería; Álvaro Yébenes al bajo; Toni Aguilar al bajo; y Rubem Dantas en la batería . Algunas veces también vino con nosotros Jesús Pardo, “Leoncio”, al piano y Pepe “El Borrega”.
Poco a poco se fue reorganizando el grupo, Jorge recomendó a Carlos Benavent, “La Garza Flamenca” quien se convirtió en uno de los pilares del sexteto, que quedó definitivamente compuesto, junto a Jorge y Carlos cuando se unieron mis hermanos Ramón con la guitarra y Pepe al cante. Vino a completar el grupo el austero y rotundo baile de Manolito Soler. Al principio tocamos únicamente rumbas. Tocar por bulerías era demasiado comprometido y sólo nos atrevíamos a hacerlo en los ensayos. Pero aquello iba sonado mejor y por fin un día nos lanzamos al ruedo.
Los discos que salieron de allí, “Sólo quiero caminar” y “One Summer Night”, son propiamente hablando la primera fusión real en el flamenco, la primera innovación, la primera vez que se utilizaron nuevos instrumentos, como el cajón, la flauta y el bajo. En “Sólo quiero caminar” introduje por primera vez el cajón que me regaló Caito en Perú.
No pasó mucho tiempo de aquellos conciertos en la Casa de Campo de Madrid, menos de un año, antes de que muchos visitasen a carpinteros de barrio para encargar sus propios cajones, deseosos de reproducir aquel sonido que había cambiado para siempre la percusión flamenca.
Primeros cajones flamencos fabricados por una empresa en España (antes de esto, ya había pequeña producción en talleres o pedidos a carpinteros)
NP Drums es sinónimo de tradición y maestría artesanal valenciana. Desde 1975, este taller familiar en origen ha estado elaborando instrumentos de percusión, iniciándose como un pequeño espacio de trabajo que, gracias a su dedicación y oficio, fue creciendo hasta consolidarse como empresa más grande en 1986. Su especialidad, y la que les dio reconocimiento nacional, ha sido la fabricación de tambores para bandas de cornetas y tambores, especialmente en la Semana Santa de toda España, si bien hoy en día también fabrican folklóricos, percusión mundial y otros muchos más.
Hoy, NP Drums produce más de 5.000 instrumentos al año, que llegan a distintas ciudades de España y a países de la Unión Europea como Alemania, Italia, Francia e Inglaterra. La marca se define por la calidad, el servicio, la transparencia y la capacidad de adaptarse a los retos del mercado, valores que han guiado su estrategia empresarial desde sus primeros pasos.
Su reputación se refleja en su presencia en los eventos y fiestas más importantes del país (llama poderosamente la atención que el icónico bombo de “Manolo el del Bombo” fue uno de sus instrumentos creado desde Manises). Con un compromiso constante con la tradición y la innovación, NP Drums participa activamente en ferias, fiestas y eventos culturales de primer nivel, llevando su sello valenciano a cada rincón.
El Tambor Sayón se ha convertido en su producto estrella, pero su filosofía empresarial va más allá de un instrumento: cada pieza se diseña y fabrica a medida, adaptándose a las necesidades de cada cliente. Todos sus productos cuentan con la certificación del Documento de Calificación Artesanal (D.C.A.), garantizando que son elaborados por maestros artesanos especializados, y realizan investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en colaboración con la Universitat Politècnica de Valencia y fondos propios.
Y es precisamente en este espíritu de innovación y tradición donde entra el cajón flamenco. Durante un viaje a Sevilla, NP Drums recibió hace décadas uno de los primeros cajones flamencos fabricados artesanalmente en España como regalo. Fascinados por el instrumento, comenzaron a producirlos ellos mismos, convirtiéndose en pioneros y siendo desde entonces la primera empresa española en fabricar y comercializar cajones flamencos de manera continua.
Para su elaboración, en NP Drums utilizan madera de abedul de entre 9 y 12 milímetros y tapa de lupas o chapas finas. Cuanto más grande sea el cajón mayor será su resonancia. Las láminas de madera suelen ser más gruesas en los lados que no son de percusión, soportando así el peso de la persona que se coloque encima para tocarlo. En la parte de atrás tienen un agujero para que salga el aire al golpear el cajón y que así este suene. En la lámina de madera percutida se le añaden en la parte trasera unas cuerdas de guitarra de metal o bordoneras de tambor para conseguir el sonido característico del cajón. Cuando se toca por el centro se sacan los graves y en la zona de arriba los agudos.
Foto de portada bajo licencia de atribución https://depositphotos.com/
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