En el siglo XVIII, la seda valenciana gozaba de gran importancia, pero algunos de los tejidos más apreciados todavía llegaban del extranjero. Entre ellos se encontraban los moarés, unas telas de seda reconocibles por su característico efecto de aguas, que se fabricaban en lugares como Francia, Italia o Inglaterra.
Joaquín Manuel Fos (1730-1789), industrial sedero y futuro alcalde de barrio del distrito del Pilar, interesado en conocer los secretos de la competencia, decidió ir mucho más allá de lo habitual para conseguirlos: fingió su propia muerte y emprendió un viaje por Europa como espía industrial, dispuesto a descubrir las técnicas que permitían producir aquellos codiciados moarés.

Una mañana salió de su casa diciendo que iba a Gandia a comprar seda. Pero aquel viaje era una tapadera. Había obtenido un pasaporte falso a nombre de José del Castillo, natural de San Felipe (Xàtiva, llamada así tras la quema ordenada por Felipe V), y partió a caballo dispuesto a poner en marcha su plan.
En su paso entre la Dehesa y la Albufera fingió que había sido saqueado y asesinado. Llevaba consigo la sangre de dos pollos, con la que manchó su caballo y la silla de montar. Después abandonó su sombrero, previamente agujereado, junto con algunas prendas de vestir y su espada. Unos labradores encontraron aquellos objetos y los llevaron a Valencia. A la familia le llegó la noticia de la muerte de Fos, aunque se desconocía el paradero del cadáver.
Mientras sus familiares encargaban funerales, él ya había embarcado en la playa rumbo a Barcelona. Desde Barcelona continuó hasta París y después viajó a Lyon, uno de los grandes centros sederos de la época. Más tarde recorrió distintas ciudades italianas e incluso tuvo que permanecer durante un tiempo en Roma, donde enfermó y fue acogido en el Hospital de Montserrat.
Pero Fos no viajaba como un simple comerciante. Para poder descubrir los secretos de fabricación de los tejidos que tanto nos interesaban en Valencia y conseguir información, tuvo que moverse por distintos ambientes e incluso cambiar de oficio y apariencia. Según recoge la web del Museo de Historia de Valencia, él mismo contó que había sido «fastuoso príncipe en Luca y Florencia, rico comerciante en Venecia, intrépido soldado en Turín, fatigado peregrino en Roma, estudioso abate en Nápoles, mozo de caballos e infeliz mendigo en Francia».
Su aventura le llevó incluso a ocupar un puesto de cierta responsabilidad dentro de una de aquellas fábricas. Finalmente, regresó a Lyon, donde consiguió estudiar de cerca las técnicas de fabricación de la seda y descubrir cómo se conseguía dar las aguas a los tejidos y perfeccionar los moarés.
Cuatro años después, en 1755, regresó a Valencia, para asombro de sus familiares y conocidos, que le habían dado por muerto durante tantos años. Además, traía consigo los conocimientos que había ido buscando por Europa.
A su regreso, Fernando VI nombró una comisión para estudiar los conocimientos que Fos había incorporado a su fábrica, y esta confirmó que había logrado aprender técnicas capaces de producir tejidos de una calidad comparable a la extranjera. Sus conocimientos contribuyeron a mejorar en Valencia la fabricación de moarés, bandas y cintas, y los mayorales del Arte Mayor de la Seda llegaron a solicitar su asesoramiento. Fos continuó viajando por Europa para establecer relaciones comerciales y conocer nuevas técnicas, hasta convertirse en vocal de la Real Junta de Comercio de Valencia.

En 1769 fue nombrado alcalde de barrio en el distrito del Pilar, donde se encontraban la mayoría de los obradores de seda de la ciudad. La medida más importante que tomó fue la creación, en 1777, del cuerpo de vigilantes nocturnos, los llamados «serenos», encargados de velar por la seguridad en las calles, auxiliar a los vecinos y cantar las horas y el estado del cielo. También se preocupó por mejorar el alumbrado público de las calles, basado en faroles de aceite por aquel entonces.
De espía industrial a alcalde de barrio, Fos terminó dejando su huella tanto en la industria de la seda como en las calles de la Valencia del siglo XVIII. Una historia que demuestra hasta dónde fue capaz de llegar aquel fabricante valenciano para descubrir los secretos que otros centros sederos europeos guardaban celosamente y traerlos a Valencia.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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