A principios del siglo XVII, ocurrió un escalofriante suceso en el palacio de los Frígola. Esta desaparecida casa señorial se encontraba en la calle de la Valldigna, haciendo esquina con la actual calle Frígola, cuyo nombre recuerda a esta familia.
La primera referencia que se tiene de la existencia de dicha casa es de 1629, aunque se sospecha que quizás existiese de mucho antes, pues los Frígola ya formaban parte de los linajes destacados de Valencia desde tiempos de la Conquista y contaban con una larga trayectoria en la ciudad y en la administración del Reino, siendo importantemente conocidos por la Baronía de Cortes de Pallás.
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Sobre este linaje, proveniente de tierras catalanas, el primer miembro del que se tiene noticia en Valencia es Guillermo de Frígola, apellido que se podía leer también como «Ferigola». La Academia Valenciana de Genealogía y Heráldica recoge en Linaje de los Frígola que las Trovas de Mossèn Febrer mencionan a Guillermo de Frígola, quien habría participado en la conquista de Valencia en 1238 como capitán con gente armada a su costa y habría recibido tierras y casas en el Maestrazgo y en Valencia. El apellido aparece también escrito como «Ferigola». El Llibre del Repartiment recoge, por su parte, en 1248 y 1249 a un R. de Ferigola, que recibió casas y tierras en Murviedro, la actual Sagunto.
Uno de los primeros miembros del linaje del que tenemos una documentación más abundante es Ramón Frígola, un rico mercader que llegó a ser jurado de la ciudad en 1372, clavario en 1401 y consejero del rey Pedro IV el Ceremonioso, según recoge J. Díez Arnal en CASA DE LOS FRÍGOLA.
Pero sería más de dos siglos después cuando la casa de los Frígola se convertiría en escenario de un suceso escalofriante. Según diversas fuentes, son varias las crónicas que dicen que en este palacio ocurrían sucesos inexplicables y que estos parecían repetirse siempre a la misma hora: poco antes del toque de campanas que llamaba a la oración. En aquel entonces vivía allí Joan Bautista Polo, miembro del Consejo Criminal de la ciudad.
El episodio quedó recogido en el Dietario Valenciano de Álvaro y Diego de Vich (1619-1632). El 12 de octubre de 1629, estando la criada sola en sus aposentos, un poco antes de la oración, dijo que había sentido como si alguien la hubiese abrazado por detrás. La cosa no quedó aquí: al día siguiente, no pudiendo sacarse de la cabeza las voces y los ruidos y siendo presa del pánico, se tiró por la ventana.

Nunca se pudo determinar qué había sucedido realmente en el interior del palacio. Lo único que nos ha llegado es el relato de aquellos hechos a través de las fuentes y las historias transmitidas posteriormente. Tras el suceso, los propietarios colocaron frente a la casa una lápida de mármol negro con una oración destinada a protegerla de los malos espíritus: «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, líbranos de todo mal».
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En la Valencia de la época no era extraño encontrar oraciones de este tipo frente a algunas casas, consideradas una protección contra los malos espíritus. Pablo Carsí, en su dietario, editado por Rafael Solaz, hablaba de numerosas viviendas que «se sentían», es decir, casas en las que se decía que aparecían ánimas o se producían fenómenos inexplicables. Según Carsí, sus propietarios podían incluso ofrecerlas durante un año sin cobrar alquiler y recurrían a los capellanes para bendecirlas.
Sobre el Palacio de los Frígola:
El palacio de los Frígola sobrevivió tres siglos más tras esta historia, hasta que, con el tiempo, se fue deteriorando por abandono y fue derribado en los años sesenta del pasado siglo XX.
Este palacio era en principio gótico, con posteriores modificaciones de estilo. Una de las características que lo hacían popular eran unas cupulitas de azulejos rojizos que sobresalían en la techumbre. Un cronista de la época, recogido en un artículo de la web Actualidad Valencia, llegó a compararlas simpáticamente con las estaciones de un calvario o con una procesión de pequeños gnomos encapuchados que, víctimas de algún encantamiento, hubieran quedado petrificados sobre el edificio. La casa disponía de un patio-jardín en la parte trasera, también desaparecido.


Hoy ya no queda el palacio, pero el nombre de los Frígola permanece en la calle que recuerda a aquel linaje y, con él, una de las historias más inquietantes que se contaron sobre una casa en la Valencia del siglo XVII.
Fragmento descrito en el Dietario de D. Álvaro y D. Diego de Vich:
Estos días fue perseguida de fantasmas y ruidos la casa de los Frígolas, de la calle de Valdigna, en que vivía el Dr. Juan Bautista Polo, del Consejo Criminal; tanto, que estando una criada suya, poco antes de las oraciones, sola en un aposento, el viernes a 12 de este, se sintió abrazar por detrás, de unos brazos cuyo hielo la dejó fatigadísima y que fue forzoso sangrarla al instante. Y el sábado, no pudiendo sufrir el horror, se echó por una ventana esta misma mujer, a quien solamente perseguían el ruido y las voces.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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