El 24 de octubre de 1935, dos joyeros fueron víctimas de un atraco en pleno centro de Valencia. Los ladrones prepararon el golpe con todo detalle, alquilaron un piso bajo una identidad falsa y se hicieron pasar por compradores para ganarse la confianza de sus víctimas. El botín ascendió a 125.000 pesetas, aunque los atracadores se marcharon sin encontrar una cartera de brillantes valorada en 400.000 pesetas.
Esta historia fue recogida por la revista La Linterna en su número 24, publicado el 29 de octubre de 1935, que narró con todo detalle cómo se había llevado a cabo el atraco. Todo empezó cuando Manuel Meléndez, joyero valenciano establecido en la calle San Miguel número 2, recibió una tarjeta comercial. En el reverso, había una nota para él: «Muy señor nuestro: Le ruego se pase por esta su casa de diez a doce de la mañana, para encargar el precio conveniente de unos metros de cadena de oro».



La tarjeta provenía de los talleres de joyería Tomás y Fenoller, establecidos en la calle En Colom número 3. Viendo una oportunidad de negocio, según el periódico El Pueblo publicado al día siguiente, sábado 25 de octubre de 1935 (quien también relata con todo detalle el hecho ocurrido), mandó a su hijo Manuel para que visitara a los clientes en la dirección escrita. Allí fue atendido en una habitación donde solo había una silla y una mesa de escritorio. Manuel tampoco sospechó, pues tener el taller en la propia casa era algo habitual.
En este lugar, los dos individuos, los supuestos señores Tomás y Fenoller, le comentaron que querían comprar gran cantidad de cadena de oro para medallitas y le preguntaron por el precio. Antes de marcharse, le expresaron el deseo de adquirir brillantes para decorar algunas monturas.
Meléndez se comprometió a buscarles a alguien que vendiese brillantes y pensó en el señor Manuel Rodríguez Sanabria, del cual él mismo era cliente desde hacía mucho tiempo. Sanabria, representante de una importante joyería madrileña establecida en la calle de San Bernardo número 19, aceptó la propuesta de Manuel, que le comentó que acababa de conocer a unos muchachos recién establecidos que necesitaban brillantes para su negocio, así que se dirigieron a la calle En Colom a visitar a sus supuestos compradores. Lo que no se esperaban es que estos realmente eran atracadores que habían trazado días atrás un plan perfectamente meditado.
El carrer d’en Colom es una pequeña calle que va desde la de les Danses hasta la propia plaza del Mercado, donde tenía su casa solariega la familia Colom, y cuyos orígenes se remontan más allá del siglo XVI. Más detalles en Del carrer d’En Colom a la calle Colón: el origen del navegante en el callejero de la ciudad de Valencia | Cadena SER
Llegaron sobre las diez y media de la mañana a su domicilio. Allí les atendió uno de los individuos en el mismo despacho al que nos hemos referido antes, donde había colocadas las herramientas empleadas para recoger y engarzar las piedras preciosas. El segundo de ellos, que estaba en otra habitación, se retrasó un poco.
Al poco rato salió el comprador y se disculpó por la tardanza, bajo la excusa de que estaba trabajando en soldar una sortija que tenía que entregar ese mismo día. Entonces exhibió a los dos joyeros la montura que deseaba decorar con algunos brillantes.
Bastó solo eso para que el señor Sanabria sacase, totalmente confiado, cierta cantidad de brillantes del bolsillo interior de su americana. Entonces, uno de los compradores pidió a su compañero que cerrase el balcón para que el viento no se llevase alguna de las pequeñas y ligeras piedras. Aprovechando el desplazamiento, sacó del cajón del escritorio una pistola y apuntó a Sanabria.
Los atracadores alegaron que eran obreros en paro y que le había tocado a Sanabria como le podría haber tocado a otro. Enseguida llegaron otros cuatro enmascarados que registraron los bolsillos de ambos joyeros y, tras despojarles de todo lo que llevaban, los ataron a una silla y se fugaron del edificio, sin que nadie pudiera verlos.
Poco después, los vecinos escucharon gritos de auxilio procedentes del tercer piso. Meléndez y Rodríguez Sanabria habían conseguido liberarse de sus ligaduras y, al comprobar que no podían salir porque la puerta estaba cerrada, se asomaron al balcón para pedir ayuda y que capturasen a los ladrones.
La gente que transitaba por la plaza del Guerrillero Romeu se congregó frente al inmueble, aunque al principio no les creyeron, pues no vieron a ningún ladrón saliendo del edificio. La portera de la casa tampoco había visto salir a los seis hombres, aunque reconoció que ya había sospechado del inquilino que había alquilado el piso.
Cuando finalmente consiguieron entrar en la vivienda, las víctimas denunciaron lo ocurrido. La suma robada ascendía a 125.000 pesetas. Los atracadores se habían llevado siete barras de platino en bruto, con un peso de 650 gramos, varios anillos y sortijas, unos pendientes y un lote de pequeños brillantes. También habían sustraído la cartera y los documentos de identidad de Rodríguez Sanabria.
Sin embargo, los ladrones pasaron por alto lo más valioso que portaba Sanabria: unos estuches con piedras preciosas valoradas en 400.000 pesetas que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón, lugar que los asaltantes no llegaron a registrar.
Lo que se conoce del caso es que días antes uno de los individuos, de unos 23 años, se había presentado al propietario para alquilar la casa número 3 de la calle En Colom. El inmueble se encontraba en obras y uno de sus pisos, el tercero, era el único que estaba completamente terminado. Aun así, insistió en alquilarlo. Dijo llamarse Jesús Tarrasa Aledo, ser platero de profesión y haber llegado recientemente de Rabat. Explicó que necesitaba una vivienda porque su familia se encontraba en África y quería tenerlo todo preparado para su llegada. Para acreditar su identidad, presentó un pasaporte con su fotografía que, según la crónica, estaba en regla. Finalmente, el propietario accedió a alquilarle el piso.
Sin embargo, el nuevo inquilino no tardó en despertar las sospechas del vecindario, pues en los días posteriores comenzaron a entrar y salir del inmueble numerosos jóvenes, todos hombres. Además, el mobiliario del piso se reducía a una mesa de escritorio y varias sillas, lo que llamó la atención de los vecinos.
Tras el atraco, la policía registró el apartamento y continuó las investigaciones en los días posteriores para identificar a los responsables. El jefe de la Brigada de Investigación Criminal de Valencia, Trifón Escudero, y el Juzgado número 1, que se encontraba de guardia, recibieron la visita de Rodríguez Sanabria y de otras personas que podían aportar información sobre lo ocurrido. Sin embargo, las autoridades mantuvieron una gran reserva sobre el estado de las averiguaciones, por lo que la prensa no pudo ofrecer demasiados detalles acerca de los avances de la investigación.
Hasta el 3 de noviembre, El Pueblo no publicó nuevas informaciones sobre el caso. Ese día informó de la detención de diez individuos localizados en dos viviendas que, al parecer, les servían de refugio. Según declaró el gobernador, entre ellos podrían encontrarse algunos de los participantes en el atraco de la calle En Colom. Sin embargo, en la prensa consultada no se han localizado noticias posteriores que permitan confirmar si alguno de ellos estuvo implicado en el robo ni qué ocurrió finalmente con la investigación. ¿Llegó la policía a identificar a los responsables y esclarecer el atraco?
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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