En 1805, seis pinturas que pertenecían al Tribunal de la Inquisición de Valencia abandonaron la ciudad rumbo a Madrid. Su destino no era un museo ni una colección de la Corona, sino el palacio particular de Manuel Godoy, Príncipe de la Paz y uno de los hombres más poderosos de la España de Carlos IV.
Esta historia fue reconstruida por la investigadora Isadora Rose-de Viejo en su trabajo De Valencia a El Escorial vía la colección de Godoy a partir de documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional, donde se encontró la reclamación que la Inquisición valenciana escribió por las obras requisadas. Este documento permite conocer cómo se produjo esta apropiación y conocer la ubicación actual de cinco de aquellos seis cuadros, entre ellos varias obras del pintor valenciano Jerónimo Jacinto Espinosa, de las cuales ninguna volvió a Valencia.
El responsable de este robo fue el propio Godoy, que de 1792 a 1808 formó una enorme colección de obras de arte a la sombra del rey, según la web de la Galería de las Colecciones Reales, cercana a los mil cien cuadros, sin contar otras piezas como tapices, alfombras u otras piezas de mobiliario y adornos.

Valencia (1753 – 1820).
En agosto de 1805 le tocó el turno a Valencia. Godoy se había interesado por unas pinturas que se encontraban en el Tribunal de la Inquisición de la ciudad y quiso incluirlas en su colección. Para conseguirlo, acudió a su protegido Ramón José de Arce, arzobispo de Zaragoza e inquisidor general, quien actuó como intermediario.
Tan pronto como pudo, el 6 de agosto, el secretario de Arce, Cayetano Rubín, se puso en contacto con el Tribunal Valenciano, solicitando que un experto examinara todas las pinturas que tenían para averiguar si, entre ellas, había algún original de grandes maestros.
Los inquisidores valencianos, Nicolás Rodríguez Laso y Mathias Bertrán, intentaron eludir la orden, ya que enseguida sospecharon que aquellas pinturas no se estaban solicitando para el rey, sino para la colección particular de Godoy. Sabían que si fueran para el rey les habrían comunicado un precio, como había hecho el monarca en otras ocasiones cuando había escogido alguna obra. Además, dejaron constancia de sus sospechas, pues Godoy ya había visitado Valencia anteriormente y había mostrado interés por las pinturas de la ciudad.
Al no recibir una respuesta, el 28 de agosto Rubín volvió a mandar una carta a Valencia, exigiendo la lista de obras que se encontrasen en el Tribunal, junto con su descripción, dimensiones, autor y estado de conservación. Sin tener más remedio, el 10 de septiembre se envió dicha lista, realizada por Josef Zapata, pintor y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.
De los 27 cuadros remitidos por el Tribunal, Godoy y Arce escogieron seis: cuatro obras de Jerónimo Jacinto Espinosa, relativas a la vida de la Virgen, y dos bodegones, uno atribuido a algún autor de la escuela valenciana y otro, anónimo, de escuela extranjera. Solicitaron su envío a Madrid, especificando cómo embalarlos y transportarlos, gastos que, además, corrieron a cargo de los inquisidores valencianos.
En el primero de los bodegones se representa un perro y en el segundo, un mono. En cuanto a las obras de Jacinto Espinosa, figuraban El abrazo en la Puerta Dorada, que representa el encuentro de San Joaquín y Santa Ana, La Presentación de la Virgen, El Nacimiento de la Virgen y La Muerte de la Virgen.

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De las seis obras, se ha encontrado el paradero de cinco. Dos de los lienzos de Jerónimo Jacinto Espinosa, El abrazo en la Puerta Dorada, que representa el encuentro de San Joaquín y Santa Ana, y La Presentación de la Virgen, se encuentran actualmente en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Otra de las obras, El Nacimiento de la Virgen, terminó en París. Actualmente se conserva en la iglesia de Saint-Michel-des-Batignolles, después de haber permanecido desaparecida de los registros durante casi 150 años, por lo que no se conoce cómo acabó allí. Su reaparición se produjo en 1956, ya que apareció en una exposición celebrada en la capilla de la Sorbona.
En cuanto a los dos bodegones, actualmente ambos forman parte de los fondos del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Valencia, aunque permanecen guardados en sus almacenes. De hecho, la Academia intentó venderlos entre 1818 y 1826, pero no encontró comprador.
Lamentablemente, La Muerte de la Virgen es la única cuyo paradero continúa siendo desconocido. Tras pasar a manos de la esposa de Godoy, la condesa de Chinchón, en 1832 se perdió su rastro, aunque se sabe que ya en 1805 se encontraba en estado degradado.
Irónicamente, en febrero de 1807, cuando todavía no habían transcurrido dos años desde la apropiación de las pinturas, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia nombró protector a Godoy y encargó una medalla de oro en su honor para celebrar su ascenso a Generalísimo y Gran Almirante de España e Indias.
Así pues, aquellas seis obras que pertenecieron al Tribunal de la Inquisición valenciano terminaron dispersas entre distintos lugares de España y Francia tras ser sustraídas por Godoy para su colección particular. Cinco han podido ser identificadas y localizadas, pero ninguna ha regresado a Valencia.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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