• Las Torres de Quart, construidas por los mestres en el noble art de la pedra Francesc Baldomar y Pere Compte en el siglo XV, entre los años 1441 y 1460, son una de las dos puertas fortificadas de la muralla medieval de Valencia que aun permanecen en pie. Hoy conocemos el motivo de los agujeros, donde anidan en alguna que otra ocasión diferentes tipos de aves, y el porqué de la bandera de España en ellas además de la Senyera.

Seguramente, en más de una ocasión tras pasar por delante de las Torres de Quart, os habréis preguntado el motivo por el que ondea una bandera de España junto a la Senyera -en las Torres de Serranos solo se dispone la Senyera- o porque pueden verse unos grandes huecos que, para mucha gente, parecen ser motivo de abandono o provocados por el deterioro del paso del tiempo.

Sin embargo, los mencionados huecos en los gruesos muros del enlucido exterior de las torres son, en realidad, impactos provocados por los cañonazos de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, siendo cada una de estas 132 marcas de bolaño o cañón, además de las más de mil perforaciones de proyectiles de fusil, auténticos testigos mudos de aquel 28 de junio de 1808. Estos impactos se mantuvieron durante en el proceso de restauración como recuerdo del sitio y toma de Valencia en la lucha, durante la Guerra de la Independencia, contra las tropas napoleónicas comandadas por el Mariscal Moncey, formando parte de la historia de la antigua puerta de la muralla cristiana de Valencia -cabe mencionar también, además, los agujeros producidos por los hechos ocurridos en 1873 durante la Revolución Cantonal en Valencia, donde los cantonales situaron cañones en las propias torres y los soldados republicanos, al mando del militar Arsenio Martínez Campos, quienes instalaron cañones en Mislata y en Xirivella, originaron nuevos desperfectos que todavía hoy pueden verse junto a los mencionados de principios del siglo XIX-.


A pesar de que podemos ver una detallada crónica de aquel día, conocido como el “Ataque de Valencia”, entre las páginas 87 y 105 de Sucesos de Valencia: desde el día 23 de mayo hasta el 28 de junio del año 1808, obra de Vicente Martínez Colomer en la Imprenta de Salvador Faulí (1810), a continuación os aportamos los sucesos relatados por Jorge Benavent Montoliu para monografias.com, los cuales aparecen en una parte de su artículo “La ciudad de Valencia en la Guerra de España de 1808-1814”, a la que titula “el asalto a Valencia del 28 de junio de 1808”:

Ataque de Valencia: Valencia derrota delante de sus murallas al Mariscal Moncey, y le pone en vergonzosa fuga. Grabado de Tomás López Enguídanos para “Sucesos de Valencia: desde el día 23 de mayo hasta el 28 de junio del año 1808”, obra de Vicente Martínez Colomer en la Imprenta de Salvador Faulí (1810)

Impactos de cañonazos de las Torres de Quart. Foto valenciabonita.es

El espacio que ocupaba la ciudad de Valencia propiamente dicha en 1808 se corresponde con el actual distrito de “Ciutat Vella” (Ciudad Vieja), limitado por grandes vías bien visibles en el centro de la ciudad actual. El viejo cauce del río Turia formaba su límite por el norte; la actual Calle de Colón, por el este; la Calle de Xátiva constituía otro límite por el sur, y por último la de Guillén de Castro cerraba por el oeste. Estas grandes vías actuales siguen el recorrido del perímetro amurallado medieval, que fue demolido en la década de 1850. Dicho perímetro carecía de valor militar en 1808, pues estaba compuesto por lienzos de muralla altos y delgados, que no resistían los disparos de la artillería. Sin embargo, poseía algunos puntos defendibles en las diversas puertas o “portals” de su recinto, dotadas de muros reforzados, torres o estructuras más sólidas que un simple muro vertical.

 

Con el paso de los años, delante de cada puerta de la muralla se había ido formando un arrabal, compuesto de infraviviendas, chozas, cobertizos y algunas casas más permanentes, que en algunos casos había desarrollado una incipiente red de callejuelas y caminos, a medio camino entre el espacio urbano y la Huerta. Al resultar indefendibles, la población de estos arrabales “extramuros” hubo de refugiarse tras la muralla. La Valencia de 1808 no había conocido un asedio bélico en toda regla desde época medieval, y apenas contaba con defensas distintas de sus viejas murallas. Éstas estaban tan abandonadas y ruinosas que la llamada Torre de Santa Catalina —que ocupaba parte del solar del actual museo de arte moderno (IVAM) en el sector oeste del recinto— cerca de la Puerta de San José o “Portal Nou”, se había derrumbado en 1772, dejando una brecha abierta de grandes dimensiones. Esta brecha se tuvo que rellenar apresuradamente, levantando un precario fortín de sacos terreros —denominado un tanto pomposamente “Fortín de Santa Catalina”— armado a toda prisa con unos pocos cañones, y encargando su defensa a un grupo de soldados, reclutas y milicianos dirigidos por el Comandante Manuel de Velasco.

 

En las diversas puertas de las murallas se instalaron los cañones disponibles en Valencia, y en torno a ellos a hombres de la Compañía Fija del 2º Regimiento de Artillería a Pie, junto a voluntarios civiles del Grao de Valencia, manejando las piezas de artillería y defendiendo sus emplazamientos. Los soldados regulares de los regimientos de la guarnición encuadraban a una gran masa de civiles apenas armados, unos veinte mil voluntarios, aportados por la Milicia de Valencia y las de los municipios de los alrededores, apostados en lo alto de la muralla como vigías. El Padre Rico, el Conde de la Conquista, el Arzobispo Company y otros personajes públicos de Valencia dieron su apoyo a la entusiasta defensa popular y aportaron recursos, locales y fondos para ayudar a sus componentes.

 

Uno de los últimos preparativos emprendidos por el Brigadier Saint March, la noche del 27 al 28 de junio de 1808, consistió en desplegar al amparo de la oscuridad, en el pueblo de Campanar en la orilla norte del río Turia —a poco más de un kilómetro al noroeste de Valencia— a una fuerza mandada por el Conde de Romrée y compuesta por un millar de reclutas, voluntarios y soldados regulares. Al amanecer del 28 de junio los cerca de diez mil soldados franceses del Mariscal Moncey llegan hasta la Cruz de Mislata, a unos dos kilómetros y medio al oeste de Valencia, desplegándose para asaltar las murallas de la ciudad, y ocupando el arrabal de Quart. Moncey ordena desplegar los dieciséis cañones del General Couin entre el Convento Nuestra Señora del Socorro y el Jardín Botánico, e inicia un bombardeo artillero que dura cerca de tres horas. Hacia las dos del mediodía lanza al ataque a su infantería: encuadrada en la I División “Musnier”, la Brigada “Brun” se lanza al asalto del “Fortín de Santa Catalina”, al mando del Comandante De Velasco y defendido por soldados del Regimiento de Soria, reclutas de los Voluntarios de Segorbe y milicianos, que logran rechazar el ataque.

 

A escasos centenares de metros, la Brigada “Isembourg” ataca las Torres de Quart, una de las puertas de la muralla que mira hacia el norte, siendo rechazada por los cañones emplazados en ella y por soldados de las Reales Guardias Españolas, del Regimiento América, voluntarios de la Compañía de Inválidos Hábiles y milicianos. Cerca de las tres de la tarde Moncey repite el ataque, pero tras otra hora de combates, la fuerza del Conde de Romrée oculta en Campanar ataca con sus Voluntarios del Reino de Valencia, Cazadores Voluntarios de Valencia, Voluntarios de Segorbe, jinetes de la Maestranza de Valencia y Dragones de Numancia. Este inesperado asalto por la retaguardia al dispositivo de asalto obliga a la batería emplazada en el Jardín Botánico a inutilizar sus cañones y escapar a la carrera. Moncey suspende el asalto y reorganiza sus fuerzas para rechazar a los hombres de Romrée, que finalmente se repliegan y consiguen volver a Campanar sin perder la cohesión.

 

Hacia las cinco de la tarde las fuerzas francesas atacan por tercera vez Santa Catalina y las Torres de Quart, y al mismo tiempo por el sur se desata otro bombardeo artillero dirigido contra la Puerta de San Vicente —hoy desaparecida, y ubicada en la actual Plaza de San Agustín—. La infantería de la Brigada “Brun”, apoyada por los húsares de la Brigada “Whatier”, ataca la Puerta de San Vicente, defendida por el Coronel Bruno Barrera con soldados del Regimiento Saboya y milicianos. Éstos consiguen finalmente rechazar el ataque. A las ocho de la tarde caen las sombras del anochecer y son los envalentonados defensores los que empiezan a hostigar a las fuerzas francesas de asalto, rechazándolas hacia campo abierto. Moncey repliega sus tropas a los pueblos de Mislata y Quart de Poblet, donde se hacen fuertes para pasar la noche, mientras en Valencia se desata la euforia.

 

Los héroes más populares y legendarios de la jornada fueron el torero Juan Bautista Moreno “Sabateret” (Zapaterillo) en la defensa de las Torres de Quart, y el mesonero Miguel García, vecino de la Calle de San Vicente, en las salidas realizadas al anochecer desde la Puerta de Ruzafa. Por su exitosa dirección de la defensa, el Brigadier Felipe de Saint March es ascendido a Mariscal de Campo. Las cifras oficiales de bajas del Archivo de la Guerra francés registran cerca de doscientos muertos entre sus hombres, incluyendo al General Cazals del Cuerpo de Ingenieros. También se registran unos quinientos heridos y la pérdida de parte de la artillería del asalto, anulada por la irrupción de las fuerzas de Romrée en el Jardín Botánico. En el bando español, que combatió protegido tras muros y parapetos, las bajas se estiman por debajo de las francesas, pero no se poseen cifras fiables.

 

Acudiendo a marchas forzadas desde Almansa por el oeste, los seis mil soldados españoles del General González-Llamas ya están en la población de Chiva, a apenas veinticinco kilómetros de Valencia, con la intención de atacar a Moncey por su retaguardia. Éste no puede arriesgarse a ser atacado por fuerzas superiores en número, al sumarse el contingente de González-Llamas a los defensores de la ciudad, y al amanecer del 29 de junio de 1808 inicia una retirada apresurada —pero en buen orden— hacia el sur, siguiendo el Camino Real a Madrid.

La ciudad de Valencia fue de las últimas en caer en manos francesas, en el tercer asedio, resistiendo hasta casi el final de la guerra y rechazando al ejército francés en las dos previas.

Todo lo resume un soldado francés, Pierre Doubon, en carta a un hermano: «Hemos atacado Valencia y cuando nosotros esperábamos mollese nos hemos encontrado una resistencia sin igual. No hay en el mundo villa fuerte, castillo sin fortaleza que haya defensa más activa ni más opiniatre (obstinada). Los valencianos se han defendido con honor y se han batido con una heroicidad sin par. Un establo es mi tumba…»

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 1 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 2 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 3 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 4 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 5 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 6 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 7 – Fecha: 1820

Carta de un soldado francés herido gravemente en el ataque de Valencia, escrita a su hermano, Soldado tambien, y de la misma nacion : el original se encontró entre los papeles pertenecientes á un Sargento, muerto después del mismo ataque, y que sin duda es Secail, á quien el desgraciado Duobon encargó remitiese la carta a su hermano … Página 8 – Fecha: 1820

Dicho todo esto, ¿os podéis imaginar ya el motivo por el cual la bandera de España, situada a la derecha en una de las torres, solo ondea en las Torres de Quart y no en las de Serranos? Sí, así es, se debe a los hechos contados en los párrafos anteriores, durante aquel 28 de junio en la Guerra de Independencia Española, en recuerdo de la ayuda recibida en la defensa por la ciudad de Valencia por tropas españolas (las banderas fueron renovadas en 2017). 

Mencionar que la teoría de la “Entrada castellana” -las torres fueron el acceso oeste del tráfico proveniente de Castilla-, no es correcta, donde se suele decir que como las Torres de Quart eran las puertas de entrada a Valencia de la parte castellana, por eso ondean las banderas de España y la valenciana, donde, sin embargo, en las de Serranos sólo está la Senyera.

Banderas de las Torres de Quart. Foto valenciabonita.es

Por cierto, en recuerdo de los hechos sucedidos de aquel año, y con motivo del bicentenario, hubo una maravillosa recreación en 2008 a cargo de la Asociación Cultural de Amigos del Museo Histórico Militar, en fecha 23/05/08 bajo el título de “Bicentenario del Crit del Palleter”.

Mencionar, por último, que a pesar de verse en la actualidad una lápida conmemorativa con el escudo de la ciudad, colocada por la Sociedad Lo Rat Penat, que dice en letras rojas: “Als heroes / de la guerra de la independencia / defensors de la ciutat / y de estes torres / En XXVIII de juny de MDCCCVIII / Lo Rat Penat / Per a recort, en lo primer centenari”; u otra justo encima de mármol blanco que dice: “Ciudad de Valencia / Capital de Provincia / Puerta de Cuarte”, hay que decir que para conservar la memoria de aquel gran acontecimiento, además de decretarse que se reedificasen las almenas, se mandaron colocar en la puerta de Quart dos lápidas desaparecidas ya con inscripciones esculpidas con letras de oro en mármol blanco, que ponían lo que a continuación podéis leer en la siguiente imagen:

Lápidas de las Torres de Quart. Foto valenciabonita.es

Página 105 de “Sucesos de Valencia: desde el día 23 de mayo hasta el 28 de junio del año 1808”, obra de Vicente Martínez Colomer en la Imprenta de Salvador Faulí (1810)

 

El Palleter: la historia del valenciano que le declaró la guerra a Napoleón

 

 

Para leer más del gran artículo de Jorge Benavent Montoliu, ver el enlace de http://www.monografias.com/trabajos102/ciudad-valencia-guerra-espana-1808-1814/ciudad-valencia-guerra-espana-1808-1814.shtml#elasaltoaa#ixzz554bmPl50

 

 

 

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