El antiguo Matadero Municipal de Valencia, obra del arquitecto setabense Luis Ferreres Soler y proyectado en 1895, empezó a construirse en 1898 y fue inaugurado en 1902. Es, sin duda, la obra más importante de su autor y una de las más significativas de la arquitectura civil del tránsito del s. XIX al XX, en un contexto de preocupación por las medidas higienicas que fueron prohibiendo la presencia de las actividades insalubres en el interior de la ciudad.

Por aquellos años, esta instalación se encontraba alejada del casco urbano, junto a lo que entonces se conocía como el cruce entre los caminos de Madrid y Tránsitos, y pegada a la acequia de Rovella de la que obtenía el agua necesaria para su funcionamiento. En su momento fue considerado el mejor matadero de España, junto con el de Zaragoza.


Con una superficie de 12.875 metros cuadrados y situado entre el paseo de la Petxina y las calles Teruel y Pérez Galdós, junto al cauce del río Turia, el valor de esta construcción radica en la armonía que conforma todo el conjunto de edificios que la componen.

De marcado carácter industrial, su planta buscaba la simetría a pesar de la irregularidad del solar, estableciendo tres naves de matanza en las que se distribuían las distintas clases de ganado: vacuno, lanar y cabrío, y de cerda.

Las naves, construidas con una cuidada utilización del ladrillo, austeras en la ornamentación y con paramentos provistos de grandes ventanales sustentan sus cubiertas mediante una original estructura de pilares de hierro fundido y vigas de celosía, que albergaban el sistema de manipulación de las reses. Su iluminación se reforzaba mediante unos lucernarios longitudinales que sobrealzan el testero mediante un alargado hueco con arco de medio punto dispuesto para favorecer la ventilación. También se disponía de un novedoso sistema de limpieza por inundación utilizando las aguas de riego de la vecina acequia de Rovella.

Según destacan los arquitectos redactores del proyecto de rehabilitación del antiguo Matadero, Carlos Payá y Carlos Campos, “la construcción de estos edificios es una bella muestra de los postulados higienistas que a principios del siglo XX se imponían en las grandes obras públicas emprendidas en Valencia”. Así mismo, señalan que “la finalidad industrial del inmueble hizo que su diseño se adecuara a las necesidades de uso, aunque sin renunciar a una sencilla decoración en la que se ensalza los materiales con los que fue construido”. Con todo ello, el Matadero Municipal de Valencia se constituyó como un brillante ejemplo de edificio público e industrial.

La fachada principal fue desgraciadamente desfigurada hacia 1940 para permitir el paso de camiones de mayor tonelaje, dejando de utilizarse para su función original en 1969. En su momento fue considerado el mejor matadero de España, junto con el de Zaragoza, y fue objeto de publicación en la revista madrileña “Pequeñas Monografias” de Alfonso Dubé en 1913.

Después de varias reformas, como la que se produjo en el año 1957 tras los graves desperfectos ocasionados por la riada, el Matadero Municipal empezó a ser absorbido por el crecimiento de la ciudad y, en 1969, una vez consolidado su entorno urbano, fue cerrado y trasladado.

En la actualidad, tras una completa y eficaz restauración, y su posterior inauguración en mayo de 2003, se ha convertido en un centro deportivo-cultural dependiente del Ayuntamiento de Valencia (bajo el nombre de Complejo Deportivo Cultural “La Petxina”), dotando al edificio de nuevos servicios como piscina o residencia para deportistas de elite, al tiempo que se han adecuado las viejas naves para gimnasio, polideportivo bibliotecas, salones de reuniones, servicios complementarios o sede de la Fundación Deportiva Municipal.

 

 

 

 

Fuentes: 

 

 

 

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