Es probable que si hablamos del primer submarino moderno en España, el primer nombre que te venga a la cabeza sea el del cartaginés Isaac Peral o el del catalán Narciso Monturiol. Sin embargo, fue el riojano Cosme García Sáenz (1818-1874) el verdadero inventor (o precursor mejor dicho) en diseñar el primer submarino probado con éxito en España, aunque no de propulsión eléctrica y con capacidad militar completa (tal y como si fue gracias a Isaac Peral). Sin embargo, a pesar de ser el genio sin estudios que inventó el submarino, murió arruinado. La mala suerte, el pésimo marketing de Cosme y la pérdida de documentos históricos mantuvo en el olvido a este hombre durante una larga temporada. Vamos a conocer su historia.
Cosme García Sáenz nació en la calle Herrerías de Logroño en 1818 y falleció en Madrid en el año 1874. De no ser por el trabajo del académico de la Real Academia de Historia Agustín Rodríguez, hoy no sabríamos prácticamente nada de él pese a haber creado grandes invenciones como un fusil (en concreto una carabina de retrocarga capaz de disparar más de 3000 disparos sin que fallara el mecanismo y sin necesidad de limpieza), una máquina de sellos para las oficinas de Corres o una imprenta portátil para la mejora de la fundición de los caracteres, entre otros.


En lo referente a la navegación submarina, construyó dos submarinos: el primero, impulsado por remos, fue presentado en Barcelona tiempo antes para romper mano y mejorarlo. De esta primera prueba surgió el segundo, el que ha pasado a la historia: el llamado “Garcibuzo” un aparato de unos 6 metros de largo, 2.25 metros de alto y de 1.75 metros de ancho que estaba construido de metal e impulsado por una hélice movida por personas. Según se puede saber, en la parte superior tenía una entrada que se cerraba herméticamente desde su interior; en los costados asomaban dos remos para girar el barco, otros dos en la proa para sostenerlo y hacer que descendiera o se elevara; en diferentes puntos se encontraban diversas escotillas para poder observar el fondo submarino; en el interior, formando un segundo casco, había dos tanques que al llenarse y vaciarse a través de bombas de agua permitían la inmersión del aparato o su salida a la superficie.
El aparato contaba con una entrada que podía cerrarse herméticamente, dos remos “B” para girar el buque en todas direcciones, así como una hélice “H” que recibía su movimiento desde un volante “V” que, a su vez, hacía girar dos ruedas dentadas “O” engranando la una con la otra. En la proa y popa, la embarcación contaba con dos tanques de agua “R”, que hacían de lastre, con sus respectivas válvulas “V”, y una bomba “P” permitía extraer agua de dichos tanques. Además, se contaba con un lastre adicional en forma de contrapeso “W”, que podía aligerar el peso del buque si por algún motivo los tanques “R” no podían vaciarse. Además, la embarcación disponía de aparatos para facilitar su navegación como brújulas, y manómetros para medir la presión soportada.

El 9 de julio de 1859 presentó en España el privilegio de invención “Aparato buzo para navegación submarina”, siendo concedido este privilegio meses más tarde, ya en 1860 (un privilegio de invención es un derecho exclusivo otorgado por el Estado a un inventor para explotar su creación, impidiendo a otros su fabricación, uso o venta durante un período determinado. Dicho de otra manera: es lo que hoy en día conocemos como patente). La prueba del aparato en cuestión tuvo lugar el 4 de agosto de 1860, dándose fe de aquel suceso mediante un «acta».
Existe un documento de oficio del comandante militar de la Marina de Alicante (capitán de Navío don José de la Paz y Goday) dirigido al Ministro de Marina a través del Capitán General de Cartagena dándole cuenta del éxito de las pruebas realizadas en las aguas de su jurisdicción el 4 de agosto de 1860, levantándose «acta notarial», que no fue tal, de estas pruebas. El «acta» se conserva en el Archivo Histórico del Ministerio de Marina de Madrid.
El mencionada acta, según ALICANTE Y EL PRIMER SUBMARINO DE LA HISTORIA, obra de Alicante Vivo, dice así:
Los que suscriben, residentes en esta ciudad de Alicante, certificamos y aseguramos bajo nuestro honor y buena fe:
- Que el día tres del corriente mes de Agosto de 1860, fuimos invitados por Don Cosme García, de profesión mecánico y residente en Madrid, para asistir al día siguiente cuatro, a las 7 de la mañana, a los experimentos y pruebas de un aparato buzo de su invención.
- Que, en efecto, concurrimos en el día y hora mencionados con el indicado fin, al punto del mar designado por el Sr. Comandante de Marina de este distrito para ejecutar estos trabajos.
- Que el sitio indicado es el de mayor fondo o profundidad reconocido en este puerto.
- Que llegado a este punto, observamos el aparato «submarino» a flote y dispuesto a funcionar.
- Que así que se completó el número considerable de personas asistentes a este acto, el inventor Sr. García se introdujo con uno de sus hijos en el aparato, y cerró herméticamente su entrada por medio de la tapa o puerta colocada en la parte superior de aquél.
- Que isntantáneamente después, el «submarino» desapareció de la vista de todos los concurrentes, sumergiéndose con la mayor facilidad hasta el fondo del mar.
- Que en este estado, con el inventor y su hijo dentro, permaneció sumergido por tiempo de cuarenta y dos o cuarenta y cinco minutos, sin tubo, cuerda, ni nada que le comunicase con la atmósfera.
- Que durante este tiempo, el aparato se hizo visible varias veces entre dos aguas a voluntad del inventor, quien hizo estos movimientos, según dijo después, para dar a conocer a sus concurrentes que ninguna novedad le ocurría y evitar toda duda e inquietud por este motivo.
- Que asimismo observaron que el aparato permaneció inmóvil entre las aguas, a voluntad del inventor que dirigía estas operaciones desde el interior.
- Que después, el aparato se movió en todas direcciones, caminó y dio vueltas o giros completos, ejecutados por el inventor sin ningún auxilio ni agente exterior.
- Que el aparato subió a la superficie del mar y, abierta la tapa desde el interior, aparecieron el inventor y su hijo tranquilos, sin muestras de fatiga o cansancio.
- Que el inventor manifestó entonces que podían haber permanecido encerrados en él mucho más tiempo; pero que no lo habían hecho para evitar que los concurrentes experimentasen temor sobre su seguridad personal.
Y certificamos, por último, que todas estas operaciones se han ejecutado a nuestra vista, sin que el inventor haya necesitado aire, ni ningún otro auxilio exterior, esto es, incomunicado completamente con la atmósfera, suelto y libre el aparato, sin un cable siquiera que pudiera elevarlo del fondo dle mar a la superficie, caso de cualquier accidente. Y, a petición del inventor Don Cosme García Sáenz, y por ser así la verdad, firmamos este acta en Alicante a día 6 de Agosto de 1860:
- El Comandante de Marina, José de la Paz.
- El Brigadier gobernador, Buenaventura Carbó.
- El Coronel Jefe del Estado Mayor de las Islas Baleares, Juan de Dios Sevilla.
- El Presidente del Consejo Provincial, Joaquín Orduña.
- El Administrador Provincial de la Hacienda Pública Manuel de Corbella.
- El Ingeniero de Minas Sandín.
- El Ingeniero Jefe de la Provincia, Agustín de Aroso y Baracíbar.
- El Ingeniero Primero Eduardo O´Kelly.
- El Ingeniero de Caminos, Antonio G. Molina.
- El Juez de Primera Instancia, Antonio Alix.
- El Cónsul General de Suecia y Noruega, Carlos A. Danlander.
- El Administrador Principal de Correos, Remigio Motas.
- El Cónsul de S.M. Británica, Benjamín Barrie.
- El Cónsul de los Estados Unidos, Guillermo Leach Giró.
- El director propietario del Periódico «El Comercio», Blas de Loma y Corradi.
- El Marqués de Casa Pizarro.
- El Capitán del Vapor «Marsella», R. Lagier y otros muchos espectadores.
«A las siete y tres cuartos de la mañana del día de ayer se hizo en este puerto la prueba de un aparato submarino de la invención de don Cosme García, vecino de Madrid, resultando de las operaciones hechas que dicha máquina que es de planchas de hierro, se sumergió con dos hombres dentro, permaneciendo bajo el agua 26 minutos, que después ascendió a flor de agua, girando varias veces tanto en superficie como entre aguas con facilidad, dando con esto su inventor por concluidas las pruebas a las que asistí y que en su totalidad duraron hasta las 08:30 horas de la mañana, sin que las personas que se sumergieron, una de las cuales fue el indicado Sr. García, se notase alteración alguna en su salud.»
Palabras del Comandante de Marina José Montojo y Albizu realizadas el día 5 de agosto de 1860, un día después del suceso como ofició al Capitán General del Departamento de Cartagena.
Cosme, junto con su hijo, se sumergió durante un determinado tiempo en la playa alicantina. Tras el éxito, más tarde, les ofreció el proyecto a los Reyes Isabel II y Francisco de Asís. Sin embargo, con la excusa de los gastos ocasionados en la Guerra de África, los reyes no apoyaron de manera oficial la iniciativa del riojano.
Indignado viajó a Paris donde pensó que valorarían su trabajo y así fue, donde patenta su invención bajo el nombre de «Bateau Plongeur» (de hecho, el plano adjuntando antes es el francés). Napoleón II le ofreció un contrato de 14 millones de francos de aquella época. Sin embargo, era tal el patriotismo de Cosme que lo rechazo dado que pensaba que su invento podría ser un arma realmente valiosa para la defensa de España.
Un año más tarde al de Cosme, en 1861, aparecería el “Ictíneo I” del catalán Monturiol, el cual también se decantó por el puerto de Alicante para dar a conocer su submarino de madera. Éste recibió financiación oficial, pero por problemas técnicos el proyecto se fue a pique y su creador terminó en la ruina.
La prueba de Cosme significó todo un logo en la historia de la ingeniería y la navegación dado que se le consideró la primera demostración publicada registrada del funcionamiento exitoso de un submarino a nivel mundial. No le faltó razón pese a adelantarse a los acontecimientos ya que durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, el submarino fue una de las armas clave en los conflictos bélicos.
Pese a haber sido el padre de grandes inventos, Cosme García murió arruinado y sin el reconocimiento que merecía por su país. No fue hasta el año 1917 cuando se le agradeció su aporte a la sociedad mediante el bautizo con su nombre a uno de los primeros submarinos de la Armada Española, el A-2 Cosme García.
Mención especial también al Cosme García (S-34), el primer submarino «nuclear» de la Armada Española, donde aportamos acuarela de cómo era en servicio y una imagen antes de su llegada a nuestro país. Este se trataba de un submarino clase Balao de la Armada Española que estuvo en servicio entre 1971 y 1982. Originalmente, fue construido en 1943 para la Armada de los Estados Unidos, en la que se desempeñó como USS Bang (SS-385), participando em la Segunda Guerra Mundial, en el teatro del Pacífico, entre 1944 y 1945.


En cuanto al submarino en cuestión, el «Garcibuzo», este no corrió diferente suerte. Fue anclado en el puerto de Alicante hasta que una notificación portuaria le informó a su creador que estorbaba al tráfico marino. Este, furioso, le encargó a su hijo Enrique García enviarlo al fondo del mar donde hoy en día aún permanece, aunque se desconoce el paradero exacto.
Los historiadores consideran imposible recuperar el submarino, algo que intentó en vano un dragaminas de la Armada. La erosión del mar, los bombardeos ocasionados en Alicante durante la Guerra Civil española y el crecimiento del puerto hace pensar que la nave de hierro no ha sobrevivido y sus restos reposan sobre toneladas de hormigón. Una pena.

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