Parece impensable que junto a Valencia, ciudad con más semáforos de Europa y segunda a nivel mundial, haya un municipio que no tenga ninguna señal luminosa para coches o para peatones con un peatón en rojo o verde parpadeando en su interior.
Desde 2005 Xirivella ha eliminado todos los semáforos que tenían en los 5.2 kilómetros cuadrados que ocupa la localidad, otorgando así prioridad a los viandantes. En su lugar, más de 500 pasos de cebra, uno cada 15 metros, regulan el tráfico junto con diversas rotondas en las intersecciones. Para reforzar esta política de seguridad vial, se redujo la velocidad máxima a 30 km/h en todo el núcleo urbano. Además, se instalaron 12 cámaras de seguridad en los puntos más conflictivos, desde donde la Policía Local vigila el tráfico en tiempo real.
En menos de dos décadas, los accidentes se han reducido en más del 70%, consolidando a Xirivella como uno de los municipios con menor siniestralidad vial de la Comunitat Valenciana. En 2006 se registraron 315 siniestros; en 2014, menos de 80; y en 2024, la cifra apenas superó los 60. La eliminación de los semáforos ha obligado tanto a conductores como a peatones a estar más atentos: los viandantes deben comprobar si se aproxima algún vehículo, mientras que los conductores reducen la velocidad por precaución, preparados para detenerse en caso de que alguien desee cruzar.
En la actualidad viven cerca de 30.000 vecinos. Hasta 1787 no consiguió sobrepasar el millar de habitantes. En el siglo XVI sólo residían 40 familias que sumaban cerca de 170 personas. Desde 1955 el crecimiento demográfico se ha visto incrementado año tras año.
También es una medida que el planeta agradece dado que al parar menos los coches se produce una disminución de la contaminación y de los ruidos. Desde el punto de vista económico, la supresión de los semáforos supone un ahorro energético y de mantenimiento. Se calcula que es siete veces más barato mantener una red sin semáforos. Además, se reducen los atascos, salvo en algunas rotondas céntricas donde aún se generan retenciones puntuales.
El éxito ha llevado a educar a los más pequeños a respetar al peatón y a conocer las normas del tráfico a través de campañas de formación vial que durante estos años la Policía Local ha impartido en todos los colegios de Xirivella. Ha llegado incluso hasta las guarderías, para que los niños se familiaricen desde sus primeros años y crezcan con determinados valores para el día de mañana.
El caso de Xirivella ha despertado el interés de otras administraciones, como la Diputación de Barcelona, que lo ha tomado como ejemplo para aplicar medidas similares en otros municipios.
¿Sabes qué ciudad o población fue pionera en adaptar estas medidas? En 1983, la localidad de Oudehaske (en Países Bajos, lugar donde residen 2000 habitantes), fue la primera en eliminar los semáforos y rebajar la velocidad a 30 kilómetros por hora. La iniciativa fue llevada a cabo por el ingeniero Hans Mondemann, quien señala que, si “un conductor siente cerca el peligro de atropellar a alguien, por ejemplo, automáticamente reduce su velocidad. El espacio público sin señales luminosas fuerza a la gente a ser social y el contacto visual es parte de ese comportamiento social de las personas”.
Este artículo está escrito por Marta Landete, colaboradora de Valencia Bonita que es periodista licenciada, directora y redactora de la revista cultural digital Top Valencia, además de ser autora de los libros ¿Cuánto sabes de la Comunidad Valenciana? y ¿Cuánto más sabes de la Comunidad Valenciana?.
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