Hoy resulta imposible imaginar la Plaza de la Reina de Valencia de otra manera, es decir: sin el constante ir y venir de peatones y bicicletas. Sin embargo, antes de su peatonalización y posterior inauguración en agosto de 2022, cabe recordar que por ella han circulado autobuses y todo tipo de vehículos, principalmente coches, pero también tranvías. En este contexto de «caos» circulatorio, y antes de la llegada de la ya extinta rotonda que hubo en la plaza, cabe recordar que hubo un tiempo en el que la regulación del tráfico en este céntrico enclave de la ciudad era prácticamente inexistente y dependía en gran medida de la intervención de los famosos guardias urbanos.
Fue precisamente en este lugar donde la ciudad estrenó su primer semáforo. Aunque, en realidad, nadie lo llamaba así. Corría el año 1930 y la prensa valenciana se refería a él como una «farola luminosa» o una «farola de señales», un novedoso sistema destinado a ordenar la circulación en uno de los puntos más transitados y complejos de la ciudad.
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Una Valencia que comenzaba a modernizar su tráfico:
A comienzos de la década de 1930, Valencia estaba inmersa en una profunda transformación urbana. El nuevo Ayuntamiento ya había sido inaugurado, la plaza Castelar (actual plaza del Ayuntamiento) avanzaba en su reordenación y el automóvil empezaba a ganar protagonismo en unas calles que hasta entonces habían estado dominadas por peatones, carruajes y tranvías.
Uno de los lugares donde más evidente resultaba la necesidad de ordenar la circulación era la Plaza de la Reina. Por ella convergían los vehículos procedentes de las calles de San Vicente, la Paz y Zaragoza, además de los numerosos tranvías que atravesaban diariamente el centro histórico.
Ante esta situación, el Ayuntamiento comenzó a implantar nuevas medidas para mejorar la circulación. Entre ellas destacaban los pasos de peatones señalizados, nuevas indicaciones viarias y varios dispositivos luminosos destinados a regular el tráfico.
La instalación de la «farola de señales»:
La noticia apareció en la prensa valenciana a mediados de junio de 1930. Según informó entonces el diario Las Provincias, ya se habían colocado tres de las cuatro columnas de señales luminosas previstas para el cruce de las calles de la Paz y Comedias.
La misma información anunciaba que el lunes 16 de junio sería instalada la «farola de señales» de la Plaza de la Reina y que todos estos elementos entrarían en funcionamiento durante los días siguientes. El proyecto incluía además una curiosa «tortuga luminosa» situada en el enlace entre la calle de la Paz y la Glorieta.

Aquellos dispositivos representaban uno de los primeros intentos de modernizar la regulación del tráfico en Valencia mediante señales luminosas, en una época en la que la circulación comenzaba a complicarse por el aumento de vehículos y la intensa actividad de los tranvías.
Un sistema entre lo automático y lo manual:
A diferencia de los semáforos actuales, el dispositivo instalado en la Plaza de la Reina no funcionaba de forma completamente autónoma.
Una noticia publicada casi un mes después por Las Provincias, el 13 de julio de 1930, aporta una descripción especialmente interesante al referirse a la «labor reguladora automático-manual de la farola luminosa de la plaza de la Reina».

Enfrente de la casa Amador, en la calle de San Vicente, hay una parada. Los que vienen de Olympia muy bien que allí paren; pero no así los que van hacia Olympia, que parando en la referida parada, constituyen un tapón que esteriliza en absoluto la labor reguladora automático-manual de la farola luminosa de la plaza de la Reina. Hay que tener en cuenta la conveniencia de colocar siempre las paradas a las salidas de los pasos de peatones y cruces peligrosos».
La expresión refleja cómo aquel sistema combinaba la señalización luminosa con la intervención de los guardias urbanos, encargados de supervisar y ordenar el tráfico en función de las circunstancias de cada momento.
Por ello, más que un semáforo moderno, la instalación puede considerarse un paso intermedio entre la regulación manual realizada por los agentes y los sistemas automáticos que terminarían imponiéndose décadas después.
Los tranvías, el gran problema:
La puesta en marcha de la farola luminosa no resolvió todos los problemas de circulación. Apenas unas semanas después de su instalación, como bien se ha podido comprobar en los anteriores recortes y en otros apuntes publicados en aquellos días, la prensa ya recogía quejas sobre las dificultades que generaban algunas paradas de tranvía en la calle San Vicente. En concreto, se denunciaba que los convoyes que se detenían frente a la Casa Amador provocaban auténticos embudos de tráfico que reducían notablemente la eficacia del nuevo sistema de regulación.
Aquella situación demuestra que los retos de movilidad no son exclusivos de nuestro tiempo. Hace casi un siglo, Valencia ya buscaba soluciones para ordenar el tráfico en su centro urbano y compatibilizar la convivencia entre peatones, tranvías y vehículos.
El origen de la regulación moderna del tráfico en Valencia:
Aunque su aspecto y funcionamiento poco tenían que ver con los semáforos actuales, la farola luminosa de la Plaza de la Reina marcó un antes y un después en la movilidad urbana de la ciudad.
Instalada en junio de 1930, se convirtió en uno de los primeros dispositivos luminosos destinados a regular la circulación en Valencia y simbolizó la adaptación de la ciudad a una nueva realidad marcada por el crecimiento del tráfico motorizado.
Casi un siglo después, y sin rastro físico alguno de aquel curioso hito salvo el que se puede encontrar en prensa antigua o en las pocas imágenes donde aparece documentado, aquella farola de señales sigue ocupando un lugar destacado en la historia urbana valenciana como el antecedente de los modernos sistemas de regulación del tráfico que hoy forman parte del paisaje cotidiano.
Hoy, curiosamente, Valencia es la ciudad europea con más semáforos por habitante (y la segunda del mundo), un hito que contrasta con la vecina población de Xirivella: lleva más de 20 años sin semáforos y con una de las tasas más bajas de siniestralidad vial.
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Unos reportajes Muy interesantes y bonitos!!!
Se descubre la historia de ésta Gran ciudad !!!
Salimos al extranjero y estamos encantados, pero,
Valencia es fabulosa!!!
Gracias.
Muchas gracias José Luis!