Es posible que en alguna ocasión hayas oído la expresión “Eres más delicada que La Delicà de Gandia”, utilizada para referirse a aquellas personas muy sensibles o finas. Detrás de esta frase tan popular se esconde una de las leyendas más antiguas, curiosas y entrañables de la ciudad ducal, un relato que mezcla tragedia, humor y un toque de romanticismo popular.
Según cuenta la tradición, hace siglos vivía en Gandia una joven de gran belleza y dulzura. Un día, mientras paseaba por la entrada principal de la Colegiata de Santa María, le cayó en la cabeza un “pétalo de jazmín” y murió al instante.
Al extenderse la noticia por la ciudad, muchos omitieron intencionadamente el detalle de que aquel supuesto pétalo no era una flor real, sino uno de los ornamentos del rosetón del templo. La reacción popular fue inmediata y unánime: “¡Que delicà!”, exclamaban en valenciano coloquial los vecinos, dando origen a la expresión que aún hoy sigue viva en el habla popular.
«La Delicà de Gandia,
siga suposta o real,
dona a entendre qu’era fina
sa complexió natural.
Per una flor perfumada,
que al cap li va caure un dia,
la Delicà de Gandia encara mor, marejada
pel pes de la fantasia».
En realidad, aquel “pétalo” de piedra pesaba más de 400 kilos. Pero el relato se transformó con el tiempo, convirtiéndose en una historia casi poética sobre una joven tan frágil que un simple pétalo de flor pudo causarle la muerte.
Existe, sin embargo, otra versión menos conocida, aunque igualmente singular. En ella se cuenta que una joven de carácter sensible (apodada precisamente “la delicada”) salió de misa en la Colegiata justo cuando las campanas repicaban con fuerza. El estruendo fue tan intenso que, al sobresaltarse, cayó muerta al instante. Desde entonces, su historia quedó grabada en la memoria colectiva como símbolo de una delicadeza extrema, casi sobrenatural.
En ambas versiones, la Colegiata de Santa María de Gandia juega un papel central. El suceso, ocurrido a las puertas del templo, dotó a la leyenda de un tono piadoso y trágico a la vez. Con el tiempo, la figura de La Delicà se integró en el folclore local, uniendo devoción, curiosidad y romanticismo en torno a uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.
La historia ha trascendido generaciones, hasta el punto de que todavía hoy se recuerda a través de frases populares, poemas o incluso piezas teatrales tanto en valenciano como en castellano (el tema de la Delicà de Gnadia ya aparece en el s. XVIII en la Rondalla de Rondalles, obra atribuda a Lluís de Galiana).
Y lejos de caer en el olvido, Gandia mantiene vivo el recuerdo de su mítica protagonista con distintos homenajes: una calle que lleva su nombre (el Carrer de la Delicada de Gandia, situado entre la Calle Duque Carlos de Borja y la Calle Mayor) o un restaurante,
Además, existe un dulce artesanal inspirado en ella. Hace unos años, la Associació de Pastissers i Forners de Gandia creó la tarta “La Delicà de Gandia”, un postre elaborado con masa de panou (panquemado) relleno de crema de almendras, pasas, nueces, ralladura de limón, naranja confitada y almendras laminadas. Cada horno y pastelería le da su toque personal, añadiendo a veces una cobertura crujiente de nueces y azúcar tostado que le aporta un aspecto dorado y un sabor irresistible.
Así, la leyenda de La Delicà de Gandia sigue viva entre las calles, los sabores y la memoria colectiva de la ciudad, recordando con cariño aquella historia que convirtió la fragilidad en una parte entrañable del carácter popular gandiense para sumarse a las leyendas valencianas.
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