El 1 de enero de 1526 nacía en pleno corazón de Valencia San Luis Bertrán, uno de los grandes personajes religiosos de la ciudad y, paradójicamente, uno de los más desconocidos para muchos valencianos. Dominico, gran predicador y misionero incansable, es el único santo valenciano patrón de un país entero: Colombia, donde defendió con firmeza la dignidad de los pueblos indígenas.
Cinco siglos después de su nacimiento, su figura sigue dejando huella en calles, barrios, parroquias y tradiciones de Valencia y de buena parte de la Comunitat Valenciana.
De la Valencia medieval al Nuevo Mundo:
San Luis Bertrán nació en una familia noble y profundamente religiosa, hijo de Luis Bertrán y Juana Eixarch. Su casa natal se encuentra junto a la Almoina y al Almudín, en una pequeña plaza que hoy lleva su nombre. Allí, aunque el edificio se encuentra en estado de abandono, una inscripción recuerda que entre esas paredes nació el santo, y una fuente coronada por una pequeña imagen suya mantiene viva la memoria del lugar.
De esta casa os hablamos extensamente en uno de nuestros artículos, concretamente en La Casa Natalicia de San Luis Bertrán, un olvidado rincón de la ciudad de Valencia en ruinas.
La Casa Natalicia de San Luis Bertrán, un olvidado rincón de la ciudad de Valencia en ruinas
Muy cerca, en la parroquia de San Esteban, se conserva la pila bautismal donde recibió el sacramento, la misma en la que también fue bautizado San Vicente Ferrer, con quien guardaba parentesco por vía materna. La figura de San Vicente fue decisiva en su vocación dominica.
Ingresó en la Orden de Predicadores en 1544 y fue ordenado sacerdote en 1547. Sus primeros destinos lo llevaron a Llombai, a una fundación impulsada por San Francisco de Borja para la evangelización de los moriscos. Poco después regresó a Valencia, aunque una epidemia lo obligó a trasladarse al convento de Santa Ana de Albaida, una etapa clave en su vida.
Albaida, milagros y predicación:
El paso de San Luis Bertrán por Albaida dejó una profunda huella. En la parroquia se conserva una imagen del santo con el crucifijo ante el que rezaba y el reloj de arena que utilizaba durante la oración.
Además, los lunetos de la iglesia, pintados por José Segrelles, recogen tres escenas fundamentales de su vida: su predicación frente a los marqueses de Albaida, el incendio de la montaña que se apaga tras su bendición y el famoso episodio en el que un disparo dirigido contra él se transforma en un crucifijo. Escenas que mezclan historia, tradición y leyenda, y que forman parte del imaginario popular asociado al santo.
Misionero en Colombia y defensor de los indígenas:
En 1562, fiel a su vocación misionera, partió hacia Nueva Granada, actual Colombia, donde permaneció siete años. Allí se ganó fama de predicador incansable y defensor de los indígenas frente a los abusos de los encomenderos, lo que le acarreó amenazas, intentos de envenenamiento y situaciones de grave peligro.
Su labor fue tan decisiva que siglos después sería declarado patrón de Colombia, un reconocimiento excepcional para un santo valenciano. Hoy en día, parroquias, colegios e incluso una provincia dominica en el país llevan su nombre.
Regreso a Valencia y últimos años:
A su vuelta, fue prior del desaparecido convento de San Onofre de Museros, donde su influencia se extendió por toda la comarca. En la localidad, de la que es patrón, una imagen suya preside el retablo de la parroquia.
San Luis Bertrán destacó también como maestro de novicios, cargo que desempeñó en siete ocasiones, y como hombre de profunda vida espiritual, austero, estudioso y contemplativo. Entre sus escritos se conservan sermones y reflexiones espirituales centradas en el amor de Dios.
Mantuvo una estrechísima relación con San Juan de Ribera, quien lo acompañó y cuidó personalmente durante su última enfermedad en el Hospital de Sacerdotes Pobres de Valencia. En el edificio, hoy residencia sacerdotal San Luis Bertrán, se conservan azulejos del siglo XVIII que representan este episodio y su vida misionera en América.
También mantuvo correspondencia con Santa Teresa de Jesús, a quien animó a seguir adelante con la reforma del Carmelo. A continuación, podéis ver un completo vídeo de casi 15 minutos sobre su vida.
Un santo muy presente en Valencia:
Pocas figuras religiosas han dejado tantas huellas en la ciudad. Además de su casa natal y San Esteban, San Luis Bertrán está presente en el Convento de Predicadores, el Convento de Santo Domingo, la Catedral, el Puente de la Trinidad y, de forma muy especial, en el barrio de la Fonteta de San Luis.
Según la tradición, el santo acudía a una fuente de agua amarga situada al sur de la ciudad, en el camino hacia la Albufera. Tras bendecirla, el agua se volvió potable, lo que generó una gran devoción popular y dio nombre al barrio, a la antigua Carrera de San Luis y a la ermita que acabaría convirtiéndose en la actual parroquia. Cada mes de julio, el barrio celebra una semana de fiestas en su honor.
Patronazgos y devoción popular:
San Luis Bertrán, además de su patronazgo de Colombia, es patrón de Buñol, donde se celebran fiestas en agosto; de Tormos, en la Marina Alta; del Colegio de Notarios de Valencia; y da nombre a una conocida banda de cornetas y tambores de la ciudad. También es titular de parroquias en Valencia, Torrent y Tormos.
Fue beatificado en 1608 y canonizado en 1691. Su cuerpo incorrupto se veneró durante siglos en Valencia, pero fue destruido durante la persecución religiosa de 1936.
Hoy, quinientos años después de su nacimiento, San Luis Bertrán sigue siendo una figura clave para entender la historia espiritual, urbana y cultural de Valencia, un santo profundamente ligado a la ciudad que lo vio nacer… y a un país entero al otro lado del océano.
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