- En plena crisis de peste y con las autoridades ausentes, una protesta por la condena de un panadero terminó derivando en el asalto a la Catedral de Valencia de 1519, un episodio clave en la creciente tensión social que desembocaría en las Germanías.
El verano de 1519 no fue uno cualquiera para Valencia. La ciudad se encontraba golpeada por la peste y gran parte de las autoridades habían huido lejos de las murallas. La ausencia de gobierno había aumentado la tensión entre la población, que acabó estallando en un episodio inaudito: el asalto a la Catedral el 7 de agosto de 1519.
Este suceso se conoce como l’avalot de la Seu (el motín de la Catedral) y para conocer los hechos hemos recurrido al Libro quarto de la Crónica de la Ínclita y Coronada ciudad de Valencia, escrito por el cronista Rafael Martí de Viciana, publicado en 1566. El detonante fue la acusación de un panadero, Ferrando Sanchis, condenado a muerte por sodomía. Lo que comenzó como la protesta por su condena terminó convirtiéndose en uno de los episodios más tensos de la Valencia de 1519.
Ante el temor de ser quemado en la hoguera, el panadero se acogió al amparo espiritual y acudió a la iglesia a pedir la penitencia. En determinadas circunstancias, el reconocimiento y la confesión del pecado podían permitir una reducción de la pena. Tras un proceso, finalmente la condena fue sustituida por cadena perpetua y por permanecer de pie ante el altar, expuesto a la vergüenza frente a los asistentes.

En aquellos tiempos de penuria, en Valencia se difundió un clima de predicación moralizante por parte de algunos clérigos, que interpretaban la peste y la crisis como castigos divinos por los pecados de la comunidad, entre ellos la sodomía. En este contexto, se produjeron ejecuciones y episodios de violencia contra los acusados de este delito. Por ello, la decisión de haber absuelto de la pena de muerte a Ferrando Sanchis provocó una gran ira entre la plebe.

(1546), de Pere Antoni Beuter».
El día 7 de agosto, estando la misa en marcha y el panadero dentro, cuenta el cronista Martí de Viciana que una muchedumbre fue a la Iglesia Mayor voceando y lanzando piedras, exigiendo que entregaran al acusado porque lo querían quemar.
Tras disolver el vicario general a la turbamulta, poco después volvieron en más cantidad y más violentos, llenando todos los alrededores de la iglesia. El Justicia y los Jurados no pudieron actuar, puesto que también estaban siendo atacados a pedradas. Poco a poco, la horda creció, llegando incluso armados, rompiendo finalmente uno de los postigos de la puerta de los Apóstoles e irrumpiendo dentro del templo para buscar al panadero.
Sin embargo, algunos de ellos aprovecharon el caos para robar las riquezas de la Catedral. Al ver el peligro en el que se encontraban las riquezas de la sacristía, los oficiales eclesiásticos entregaron al acusado para vaciar la iglesia. Finalmente, según relata el cronista, el panadero fue entregado y conducido al brasero por el pueblo, donde fue quemado.

Unos días después, el gobernador don Luis de Cabanilles y Villarrasa Gallach llegó de Morvedre –donde se había refugiado de la peste– a Valencia para recibir información de estos hechos. Tras esto, publicó un pregón que prohibía, entre otras cosas, el derecho de juntarse pública o secretamente para protestar o exigir justicia, bajo la pena de 200 azotes y cien florines. Finalmente, el gobernador volvió a Morvedre porque en Valencia continuaba la epidemia.
Este pregón provocó un fuerte malestar, ya que se vio como una contradicción de las disposiciones de defensa que, en un contexto de inseguridad por los ataques enemigos, habían sido promovidas meses antes por el rey Carlos I. En la crónica aparece la figura de Joan Llorenç (escrito como “Iván Lorenzo” en la obra de Martí de Viciana), vinculado a la movilización de los gremios en este clima de creciente tensión. Llorenç, tras una serie de discursos, consiguió unir a los oficios y labradores para que se agremiaran y uniesen fuerzas, con la intención de enviar una embajada al rey y protestar por la difícil situación de la ciudad.
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Como vemos, el asalto a la Catedral del 7 de agosto de 1519 no fue un hecho aislado, sino la manifestación de una tensión que venía acumulándose durante mucho tiempo. La crisis sanitaria y la falta de confianza en la autoridad terminaron por estallar en lo que poco tiempo después sería la rebelión de las Germanías en Valencia.


Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia.
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