En la historia de la Guerra de la Independencia española, hay nombres que no siempre ocupan grandes manuales, pero que condensan mejor que muchos otros el espíritu de una época. Uno de ellos es el de José Romeu y Parras, nacido en Sagunto en 1778, comerciante acomodado que acabó convertido en uno de los símbolos de la resistencia valenciana contra las tropas napoleónicas.
Su vida, en apariencia destinada a la estabilidad económica y social, dio un giro radical en 1808, cuando la invasión francesa alteró por completo el equilibrio del país. Romeu, lejos de mantenerse al margen, decidió implicarse activamente en la defensa del territorio. No lo hizo como militar profesional (no lo era), sino como civil con recursos propios y una convicción que lo llevó a asumir un papel inesperado: el de organizador y comandante de las Milicias Urbanas de Murviedro, el nombre histórico de Sagunto.
Los orígenes de José Romeu:
José Romeu y Parras nació en 1778 en la entonces villa de Murviedro, actual Sagunto, concretamente en la calle Tintoreros, hoy dedicada al propio héroe local. Era hijo de José Romeu y Mates y de Francisca Parras y Casasús. Su padre se había establecido en la localidad en 1774 y desarrolló una actividad económica vinculada al comercio y suministro de vinos y licores.
Durante buena parte de su vida, Romeu permaneció alejado de los asuntos militares. En 1800 contrajo matrimonio con María Correa Velasco, natural de San Roque (Cádiz), y continuó dedicado a los negocios familiares. A comienzos del siglo XIX era un vecino acomodado de Murviedro cuya vida parecía destinada a seguir ligada al comercio.
La situación cambió con el estallido de la Guerra de la Independencia. Tras los sucesos del 2 de mayo de 1808 y la creciente oposición a la ocupación francesa, en Murviedro se constituyó una Junta de Defensa y el 25 de mayo de ese mismo año se reorganizó la Milicia Honrada, un cuerpo defensivo de carácter popular. Romeu fue nombrado comandante de la milicia y llegó a tener bajo su mando a más de 2.000 hombres.
Junto a su tío Mariano Romeu, al que designó como lugarteniente, impulsó el reclutamiento de voluntarios en los pueblos vecinos. Los hombres se concentraron en la explanada del convento de San Francisco de Sagunto, donde recibieron instrucción básica, equipamiento y organización militar. El 20 de junio de 1808 partieron hacia Valencia para unirse a la lucha contra las tropas napoleónicas.
De comerciante a líder de guerrillas:
Romeu financió parte de la estructura de estas milicias, formadas por voluntarios y vecinos de la zona, y las articuló como una fuerza irregular capaz de hostigar al ejército francés en el entorno valenciano. Su estrategia no se basaba en grandes batallas, sino en un tipo de guerra mucho más incómoda para el invasor: emboscadas, cortes de suministros, sabotajes y ataques rápidos.
En un conflicto donde las grandes potencias medían fuerzas en campañas convencionales, Romeu representó otro modelo de resistencia: el de la guerra irregular organizada desde el territorio.
Sus primeros combates llegaron apenas unos días después. El 22 de junio de 1808 participó junto a las tropas del general Adorno en la batalla del puente Pajazo. Aunque las fuerzas españolas sufrieron una dura derrota, Romeu y sus hombres continuaron hostigando a los franceses durante su retirada por zonas como Requena, Las Cabrillas y Buñol.
Tras la retirada francesa de Valencia regresó a Sagunto, pero la guerra continuó marcando su destino. En 1808 viajó a Madrid y participó en la defensa de la capital durante la segunda entrada de las tropas napoleónicas, permaneciendo junto a los patriotas hasta la capitulación del general Morla. Regresó a Murviedro el 10 de diciembre de ese mismo año.
Su prestigio fue creciendo con rapidez. En diciembre de 1809 fue nombrado capitán de Granaderos de la Milicia Urbana Saguntina y se incorporó a las operaciones dirigidas por el general Roca en el Maestrazgo. Participó en acciones militares en Albentosa, Escaleruelas, Aliaga, Morella y El Puig.
Durante los años siguientes organizó partidas guerrilleras y levantamientos populares en distintos puntos del territorio valenciano. Combatió en Novelda, Ontinyent, Cocentaina, Alcoy, Petrer y Albaida, entre otros lugares, consolidando una fama que llegó a inquietar a los mandos franceses. Su capacidad para reorganizar fuerzas, reclutar voluntarios y mantener viva la resistencia convirtió su nombre en uno de los más conocidos de la lucha contra la ocupación napoleónica en tierras valencianas.
La traición que condujo a su captura:
La figura de Romeu era ya tan conocida que los franceses intentaron atraerlo a su causa en varias ocasiones. El capitán Jacomet, gobernador francés de Buñol, le ofreció abandonar la lucha y establecerse bajo protección francesa para continuar con sus actividades habituales. La respuesta de Romeu fue contundente: «Jamás daré oídos a palabras enemigas de mi patria».
Posteriormente, nuevas ofertas y promesas llegaron a través de otros mandos franceses, entre ellos el general Mazzuchelli. Sin embargo, Romeu mantuvo siempre la misma postura, asegurando que mientras existiera un solo palmo de terreno libre en España continuaría defendiéndolo como buen patriota y fiel súbdito del rey Fernando VII.
La guerra no terminó para él tras la caída de Valencia. Continuó combatiendo y reorganizando fuerzas, pero su suerte cambió en junio de 1812. Según las crónicas de la época, un hombre conocido por el apodo de «Recelós» reveló a los franceses el lugar donde se encontraba descansando su columna. Durante la noche del 6 de junio de 1812, tropas al mando del comandante Saint-Georges sorprendieron a Romeu en Sot de Chera y lograron capturarlo.
Tras ser hecho prisionero fue trasladado primero a Llíria y posteriormente a Valencia, donde los franceses volvieron a intentar que abandonara su causa y jurara fidelidad a José Bonaparte.
Romeu rechazó todas las propuestas. Su negativa, recogida por la tradición histórica, resume el perfil que se le ha atribuido desde entonces: la fidelidad a sus convicciones por encima de cualquier beneficio personal. Durante el proceso al que fue sometido pronunció la frase por la que ha pasado a la historia: «Diga usted a su general que Romeu es un español, y un español que nació en Sagunto».

La ejecución en Valencia:
Al comprobar que no lograría doblegar su voluntad, el mariscal Louis Gabriel Suchet ordenó su ejecución. La sentencia fue dictada por una comisión militar el 11 de junio de 1812.
Romeu rechazó también el indulto que le ofrecía José Bonaparte a cambio de reconocerlo como rey. Fiel a sus principios hasta el final, prefirió afrontar la muerte antes que renunciar a la causa que había defendido durante toda la guerra.
El 12 de junio de 1812, con tan solo 34 años, fue conducido desde la cárcel de San Narciso hasta la plaza del Mercado de Valencia, donde fue ejecutado en la horca. Junto a él murieron también José Lino Antón, natural de Manzanera, y Gabriel Ximénez, de Monóver.
Su muerte marcó el final de una trayectoria breve pero intensa, en la que había pasado de la vida civil acomodada al liderazgo de una resistencia irregular en un territorio clave del conflicto. Murió tras haber dedicado buena parte de su patrimonio a la lucha contra la ocupación francesa, dejando atrás a su esposa, María Correa Velasco, y a sus hijos.
En memoria del lugar donde fue ejecutado, 100 años después (en 1912) la ciudad de Valencia, gracias a Lo Rat Penat, le dedicó una placa conmemorativa que hoy todavía puede verse en la fachada de la Lonja de la Seda.

Un personaje entre la historia y la memoria:
Más de dos siglos después, José Romeu y Parras sigue siendo una figura estrechamente vinculada a la identidad histórica de Sagunto. Su historia encaja en ese grupo de protagonistas de la Guerra de la Independencia que, sin pertenecer a los grandes ejércitos regulares, desempeñaron un papel decisivo en la resistencia frente a las tropas napoleónicas.
Su legado continúa presente en la ciudad saguntina, que recuerda cada año su figura con actos de homenaje coincidiendo con el aniversario de su muerte. Estos reconocimientos se celebran junto al monumento dedicado a su memoria en la plaza Cronista Chabret, un espacio que mantiene vivo el recuerdo de quien pasó de comerciante y terrateniente a convertirse en uno de los héroes más recordados de la historia local.

Es común, cada 12 de junio y junto a la estatua de José Romeu, recitar el soneto «Al Guerrillero Romeu», una composición poética clásica obra del escritor Manuel Vega Riset, el intelectual murviedrés nacido en Cuba; interpretar una pieza musical compuesta en reconocimiento a este personaje histórico; y depositar flores junto al monumento).
En la ciudad de Valencia, además de la placa conmemorativa dispuesta en la fachada de la Lonja de la Seda que antes hemos mencionado, el recuerdo de José Romeu también ha quedado plasmado en diversos rincones. Uno de ellos es la calle del Héroe Romeu que la capital valenciana le dedica en Extramurs desde el 20 de julio de 1943.

El otro nació en la década de los años 60. En febrero de 1963 se propuso erigir un busto en su honor en la plaza de Santa Mónica de Valencia, junto a la calle Sagunto. La obra fue inaugurada el 2 de mayo de 1964 en un acto presidido por el alcalde Adolfo Rincón de Arellano, con presencia de autoridades, representantes de Sagunto y familiares del héroe, entre ellos su tataranieto, el doctor Salvá Romeu. En 1967 el monumento fue trasladado a un jardín situado en el cruce de las calles Lérida y Sagunto, y allí sigue a día de hoy. En su pedestal puede leerse tanto una referencia a su nacimiento y muerte como la célebre frase que lo inmortalizó: «Diga V. a su general que Romeu es un español y un español que nació en Sagunto».

Para realizar este artículo se ha consultado biografías varias, como por ejemplo las páginas 49 y 50 del documento realizado por la Asociación Cultural de Amigos del Museo Histórico Militar de Valencia en PDF Crónicas Napoleónicas
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Soy un paisano de Romeu
apasionado por la historia de mi ciudad Sagunto.
Estupendo reportaje el que habéis hecho, al que añadiría que el día que se presentan en Sot de Chera los franceses llegan a ser un número de 1.500 soldados en un pueblo que tan apenas llegaba a los quinientos habitantes.
Un dato histórico muy significativo sobre la importancia que tenía Romeu. Gracias
Muchísimas gracias por tu aporte, Salvador!