- ¿Sabías que la Plaza del Mercado de Valencia tuvo su propia banda de jóvenes ladrones? Eran los conocidos como pillets del Mercat, un grupo que llegó a reunir a cientos de muchachos y que convirtió los alrededores del Mercado y los Santos Juanes en su territorio.
Desde el siglo XIV tenemos constancia de la delincuencia en la ciudad de Valencia y de cómo era castigada. Cualquier calle servía de escenario para la violencia y los robos, pero uno de los puntos negros, sin duda, fue la Plaza del Mercado.
La concentración de comerciantes, compradores, gente de paso y forasteros la convertía en un lugar perfecto para los actos delictivos, que no hacían más que aumentar con cada crisis que se sucedía. Los carteristas, chorizos y rateros aprovechaban la distracción de las personas entre el tumulto.
Entre estos delincuentes destacaron también los adolescentes y los niños. Ya desde el siglo XIV se hacía referencia a la cantidad de menores que permanecían ociosos y se dedicaban a realizar hurtos, así como a importunar con sus juegos a los transeúntes, insultarlos o apedrearlos. Sobre la actividad delictiva en Valencia a lo largo de la historia nos habla ampliamente Rafael Solaz en su libro Valencia Canalla.
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Los «pillets del Mercat»:
En el siglo XVIII, el mercado ya se había convertido en una auténtica escuela de robo y pillaje. En la plaza se reunían muchos adolescentes sin estudios ni trabajo, bautizados como «els pillets del Mercat». Estos pillos de los que nos habla Solaz constituyeron un importante grupo organizado dedicado al robo y que todavía permanece en la memoria de la ciudad. Merodeaban por una amplia zona que iba desde el Trench hasta los Santos Juanes.
Los pillos llegaron a ser hasta trescientos y eran dirigidos por un adulto que, a su vez, ejercía como su maestro. Parece ser que incluso llegaron a cobrar cierta cantidad de dinero a los puestos de vendedores a cambio de protección, una práctica que, según explica el autor, permite hablar de una de las primeras apariciones de grupos que actuaban como mafias.
La información sobre los pillets aparece recogida por Rafael Solaz en el ya citado libro Valencia Canalla, obra en la que el investigador aborda la historia de la delincuencia en Valencia a lo largo de diferentes épocas.
Los Santos Juanes, el refugio de los pillos:
La iglesia de los Santos Juanes fue su principal refugio y en sus «covetes» se cobijaban durante las noches, razón por la que se ganó el nombre de «parroquia de los pillos», que quizá hayáis escuchado alguna vez.
Esta relación entre los pillets y el templo aparece también en documentación histórica. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recoge una referencia a un manuscrito de 1817, conservado en el Archivo Municipal de Valencia, en el que se habla expresamente de los «pillos del mercado» o pillets del mercat a través de un milacre vicentino. El documento los describe como un grupo de muchachos abandonados que merodeaban alrededor del mercado y pasaban la noche en sus cuevas. La misma referencia señala que, según la tradición, llegaron a organizarse como una especie de cofradía y que su presencia estaba tan arraigada en la memoria popular que incluso dieron nombre a la iglesia de los Santos Juanes.
P. Luis NAVARRO: Milacre que es representa en este any 1817. Manuscrito. Archivo Municipal de Valencia. En este milacre se recoge una curiosa alusión a los pillos del mercado (los pillets del mercat) curioso grupo de chiquillos abandonados que merodeaban alrededor del mercado en cuyas cuevas pasaban la noche. Según algunos, estos pillos del mercado llegaron a estar organizados como cofradía. Su tradición está tan arraigada en la menté del pueblo que incluso han dado su nombre a la Iglesia de los Santos Juanes, o San Juan del Mercado. El estudio de este grupo juvenil y su evolución esclarecería uno de los puntos más curiosos de la vida valenciana.
Los «milacres» vicentinos en las calles de Valencia | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
El sobrenombre de «parroquia de los pillos» ha quedado vinculado a la historia del templo. También se recoge que los niños que realizaban pequeños hurtos en el entorno del Mercado utilizaban el interior de la iglesia como refugio. Fuente: Real Iglesia de los Santos Juanes.
El Mercado, territorio de los pillets:
Desde este punto, como explica Julio Cob en su web la Valencia en Blanco y Negro, los pícaros y ladronzuelos del mercado aprovechaban cualquier descuido para hacerse con los alimentos de los numerosos cestos de viandas de las personas que pasaban por allí.
La propia publicación, realizada a partir del archivo de Rafael Solaz, recuerda la estrecha relación entre el Mercado, los «pillos» y los Santos Juanes, señalando cómo estos avispados pícaros estaban atentos a los abundantes cestos de alimentos que circulaban por la zona.
Y es que el entorno de la Plaza del Mercado era uno de los grandes centros comerciales de la ciudad. Allí se concentraban puestos y establecimientos dedicados a productos tan diversos como el aceite, el arroz, los granos, el pescado, la carne, las frutas, las verduras, los huevos o los frutos secos. El enorme movimiento de personas y mercancías hacía de este espacio un lugar especialmente propicio para los pequeños hurtos. Como curiosidad, Rafael Solaz realiza un dibujo sobre los pillets en El Mercado de Valencia.
La importancia del Mercado en la vida cotidiana de la ciudad explica también que la actividad de estos muchachos haya quedado ligada para siempre a este espacio. Entre puestos, vendedores, compradores y cestos de alimentos, los pillets encontraron el escenario perfecto para sus pequeños robos y para desarrollar una actividad que acabaría formando parte de la memoria popular de la Valencia de otros tiempos.
Una historia que quedó en la memoria de Valencia:
La historia de los pillets del Mercat no solo ha llegado hasta nuestros días a través de las investigaciones de historiadores y estudiosos de la ciudad. Su recuerdo también quedó reflejado en la literatura y en la tradición popular.
La relación entre los muchachos y el entorno de los Santos Juanes aparece, por ejemplo, vinculada a la imagen de los niños que llegaban a Valencia en busca de una oportunidad y que podían acabar trabajando como criadicos en los comercios del Mercado. Esta realidad social fue recogida por Vicente Blasco Ibáñez en Arroz y tartana, novela ambientada en la Valencia del siglo XIX que ofrece numerosas descripciones de la vida alrededor del Mercado, tal y como bien relata César Guardeño en «La Valencia Olvidada: El pardal de Sant Joan del Mercat». Se trata de una realidad relacionada con la vida de los menores en torno al Mercado, aunque conviene no confundir a estos criadicos con los pillets dedicados a los hurtos. Son fenómenos diferentes que, sin embargo, ayudan a comprender el contexto social de aquella Valencia.
Así, entre el bullicio del Mercado, las mercancías, los vendedores y las estrechas calles que rodeaban la plaza, los pillets del Mercat acabaron convirtiéndose en uno de los episodios más curiosos de la historia cotidiana de la ciudad. Un grupo de jóvenes ladrones que durante años hizo de este enclave su territorio y cuyo recuerdo ha quedado ligado para siempre a la iglesia de los Santos Juanes, la antigua «parroquia de los pillos».
Este artículo está realizado en gran parte por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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