Hoy, quien camina por el paseo de Ruzafa difícilmente puede imaginar que, hace más de un siglo, en una de sus esquinas se levantaba un monumental teatro capaz de reunir a más de 1.500 espectadores. Allí donde actualmente encontramos edificios, comercios y el Hotel Vincci Lys, se encontraba el Trianón Palace, una gran sala de espectáculos inaugurada en diciembre de 1914 que durante más de tres décadas acogió conciertos, teatro, zarzuela, variedades y cine.
El edificio, diseñado por el joven arquitecto Francisco Javier Goerlich, ocupaba el solar que había dejado libre el antiguo convento de Santa Clara. La prensa valenciana de la época recibió su construcción con auténtico entusiasmo y llegó a presentarlo como una obra capaz de situar a Valencia junto a las grandes ciudades españolas y extranjeras.
Hoy ya no queda nada del Trianón Palace. Pero los periódicos que anunciaron su inauguración, las fotos de época y toda la información entorno a él permiten reconstruir cómo era aquel edificio y cómo vivió Valencia sus primeras horas y su evolución e historia.
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El Trianón Palace se levantó donde había estado el convento de Santa Clara:
Para encontrar el Trianón Palace hay que viajar a la Valencia de principios del siglo XX. El actual paseo de Ruzafa se conocía entonces como calle de Pi y Margall, una vía que había adquirido una enorme importancia dentro de la vida urbana y comercial de la ciudad.
El teatro se levantó en la esquina con la calle de Convento de Santa Clara, sobre el solar que había quedado libre tras la desaparición del antiguo convento de las religiosas capuchinas, abandonado tras la Desamortización de Mendizábal de 1835.
La ubicación no podía ser más céntrica. La zona acabaría convirtiéndose durante buena parte del siglo XX en uno de los principales espacios de ocio de Valencia, hasta el punto de que el actual paseo de Ruzafa sería conocido popularmente como una especie de “Broadway valenciano”, por la concentración de teatros, cines y cafés que existían en sus alrededores.
Además, la calle tenía una particularidad que hoy cuesta imaginar: por ella habían circulado tranvías desde finales del siglo XIX, aunque en 1930 dejó de hacerlo al convertirse Pi y Margall en una vía concebida como calle salón.
Un joven Javier Goerlich recibe un encargo monumental:
En 1914, Francisco Javier Goerlich Lleó era todavía un arquitecto muy joven. Había obtenido su título ese mismo año y el Trianón Palace se convertiría en uno de sus primeros grandes proyectos en Valencia. Posteriormente llegaría a ser uno de los arquitectos fundamentales para entender la transformación urbana de la ciudad durante el siglo XX.
Las obras avanzaron a una velocidad extraordinaria. El Diario de Valencia, en su edición del 5 de diciembre de 1914, destacaba que el edificio se había levantado en menos de cinco meses y atribuía aquella rapidez a las dotes y a la preparación de Goerlich. El mismo periódico no escatimaba elogios para la nueva construcción y señalaba que la obra aunaba su vertiente artística con una parte práctica y sólida.
La decoración escultórica correspondió a los Sres. Puig e hijo, mientras que diferentes fuentes posteriores relacionan también la decoración interior con José Benlliure Ortiz, quien colaboró en el proyecto junto al pintor Ernesto Valls Sanmartín.

Así era el desaparecido Trianón Palace:
Si hoy cuesta imaginar cómo era el Trianón Palace, los periódicos publicados el mismo día de su inauguración permiten reconstruirlo con bastante detalle.
Su fachada principal, abierta a Pi y Margall, estaba decorada con ocho bajorrelieves dedicados a bailes típicos de diferentes regiones españolas. Sobre ella se levantaban tres grandes grupos escultóricos. Uno representaba la pintura y la escultura; otro, la música y la poesía; y el tercero estaba dedicado al cinematógrafo y a la aviación.
No era una elección casual. Eran precisamente algunas de las actividades y avances que simbolizaban la modernidad de aquel momento y que estaban llamados a tener protagonismo en la nueva sala.
Los grupos escultóricos estaban coronados por pequeños ángeles y la fachada incorporaba además grandes elementos ornamentales rematados con carátulas de piedra artificial. El acceso principal se realizaba mediante grandes verjas de hierro con sendas cancelas y cristales decorativos.
Pero probablemente lo que más impresionaba al visitante estaba en el interior. La sala tenía 50 metros de longitud, 18 metros de anchura y 13 metros de altura. El vestíbulo y la sala presentaban una decoración inspirada en el estilo Luis XVI, mientras que la ornamentación de la sala seguía un moderno lenguaje de inspiración alemana.
El Diario de Valencia describía el conjunto como una obra de líneas sencillas y elegantes, mientras que Las Provincias llegaba a calificar el edificio como una de las más elocuentes realizaciones de la idea artística moderna.


El contraste entre ambas crónicas resulta revelador: los dos periódicos estaban viendo el mismo edificio y ambos coincidían en algo fundamental: el Trianón Palace no era una sala cualquiera.
5 de diciembre de 1914: Valencia estrena el Trianón.
El Trianón Palace abrió sus puertas el 5 de diciembre de 1914. La inauguración estuvo protagonizada por varios conciertos dirigidos por el maestro José Lassalle, una figura de prestigio en la España de aquel momento. Fuentes posteriores coinciden en señalar que se celebraron tres conciertos con motivo de la apertura.
Y la respuesta del público fue inmediata. Al día siguiente, Las Provincias resumía así la impresión de la primera noche: el concierto había sido un éxito y la concurrencia había sido tan numerosa y elegante que, pese a la gran capacidad del salón, apenas habían quedado libres dos o tres palcos y unas pocas butacas de las últimas filas.
La misma crónica añadía que las opiniones de quienes habían asistido eran inmejorables y que tanto Goerlich como el decorador Puig estaban recibiendo numerosas felicitaciones. El Trianón había comenzado su historia con la sala prácticamente llena.

¿Quién estaba detrás del Trianón Palace?
Aquí existe una pequeña cuestión documental que merece ser explicada. Las fuentes históricas posteriores atribuyen la iniciativa y el encargo del edificio al empresario y médico Manuel Porres de la Ornilla, y varias investigaciones y publicaciones coinciden en señalarlo como la persona vinculada al proyecto y propietario del Trianón.
Sin embargo, los propios periódicos publicados con motivo de la inauguración ofrecen un dato diferente: tanto el Diario de Valencia como Las Provincias, en sus ediciones del 5 de diciembre de 1914, mencionan a José María Hernández como propietario del salón.
Ante esta diferencia, resulta más prudente recoger ambas referencias y distinguir entre la documentación contemporánea a la inauguración y las fuentes históricas posteriores, en lugar de presentar una única atribución como incuestionable.
Lo que sí está claro es el papel de Goerlich como arquitecto y la importancia que el proyecto tuvo en los primeros años de su carrera.
El Trianón cambia de nombre y se convierte en Teatro Lírico:
La historia del edificio daría un giro en 1916. El compositor valenciano José Serrano tomó el Trianón Palace en arrendamiento y decidió transformarlo en una sala dedicada especialmente al teatro lírico. El edificio fue reformado y pasó a llamarse Teatro Lírico.
La operación tenía además una historia detrás. Serrano mantenía un enfrentamiento con la Sociedad de Autores de España y llevaba un tiempo teniendo dificultades para estrenar sus obras en otros escenarios. Convertirse en empresario y disponer de un teatro propio le permitió recuperar el control sobre sus estrenos.
El nuevo Teatro Lírico abrió una etapa especialmente importante para la zarzuela valenciana y española. Y allí llegaría uno de los grandes momentos de su historia.

El éxito de La canción del olvido:
En el Teatro Lírico de Valencia, José Serrano estrenó algunas de sus obras más conocidas. Entre ellas estuvo La canción del olvido, que se convirtió en uno de los grandes éxitos de la zarzuela de su tiempo.
La respuesta del público fue extraordinaria. Las entradas llegaron a agotarse con semanas de antelación y el teatro llegó a ofrecer diferentes sesiones para atender la demanda.
El 3 de febrero de 1917 se celebró la centésima representación de La canción del olvido, apenas unas semanas después de su estreno, con una función especial que terminó con una gran ovación al maestro Serrano.
El Teatro Lírico había dejado de ser simplemente una nueva sala del centro de Valencia: se había convertido en uno de los escenarios de referencia de la zarzuela.
Del teatro al cine:
Con el paso de los años, el Trianón-Lírico también se adaptó a la transformación de los espectáculos. El cine fue ganando protagonismo y la sala acabó convirtiéndose en uno de los grandes espacios cinematográficos del centro de Valencia.
Emilio Pechuan Giner, vinculado a la familia propietaria y posteriormente convertido en uno de los grandes empresarios cinematográficos valencianos, tuvo un papel fundamental en esta etapa. El Lírico acogió cine mudo y se incorporó posteriormente a la llegada del cine sonoro.
Incluso las nuevas tecnologías relacionadas con el cine tuvieron su espacio allí. En 1926 se realizaron en el Teatro Lírico pruebas relacionadas con el cine sonoro, antes de que esta nueva tecnología terminara imponiéndose definitivamente. El edificio que había nacido como teatro-circo se había convertido así en una sala capaz de adaptarse a una nueva época.
1948: desaparece el Trianón Palace.
El Trianón Palace sobrevivió mucho más de lo que inicialmente se había previsto para el edificio. Durante más de tres décadas fue teatro, sala de variedades, escenario lírico y cine. Finalmente, el 11 de enero de 1948 cerró definitivamente sus puertas y el edificio fue derribado.
Su desaparición permitió aprovechar el solar para nuevas construcciones y el Trianón pasó a formar parte de la larga lista de edificios emblemáticos que Valencia perdió durante el siglo XX.
Hoy, más de 110 años después de su inauguración, resulta difícil imaginar aquel volumen en este punto del paseo de Ruzafa. Donde estuvieron sus 50 metros de longitud, sus grandes verjas, sus esculturas, sus 1.500 espectadores y aquella sala blanca con toques dorados, hoy encontramos otro paisaje urbano.
Pero quedan las fotografías, planos y, sobre todo, aquellas páginas de periódico publicadas los días 5 y 6 de diciembre de 1914. En ellas, los valencianos de hace más de un siglo dejaron escrita su primera impresión de un edificio que ya no existe.
Y quizá esa sea una de las mejores maneras de recordar al Trianón Palace: volver a mirar aquella Valencia que lo recibió con entusiasmo, cuando nadie podía imaginar que un día desaparecería del paseo de Ruzafa.
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