- Hay un refrán valenciano que dice: «a la vora del riu, no faces niu…». Ya os adelantamos, como resumen de este artículo, que es importante conocer nuestra historia, ya que quien no la conoce está condenada a repetirla.
- Este artículo se realiza como un intento de aportar una cronología de los hechos y una memoria histórica sobre dicho cauce. Lo intentamos hacer desde el máximo respeto, dado que nosotros también somos de l´Horta y hemos sufrido en este trágico episodio, contando también con amigos y familiares gravemente afectados.
La gota fría que asoló el pasado martes 29 de octubre de 2024 la provincia Valencia tuvo entre sus peores efectos el desbordamiento del Barranco del Poyo, una rambla típica de «crecida relámpago» que los expertos estudian como caso paradigmático de peligro potencial y que en este episodio ha confirmado esos estudios, como por ejemplo muestra la rotura del puente que une Torrent y Valencia, los diferentes puentes arrasados en Picanya y Paiporta o los destrozos de casas pegadas al barranco en Chiva.
Las precipitaciones extremas desencadenadas por la DANA en la cabecera y zonas intermedias de esta rambla, cuya cuenca abarca 462 km2 desde la sierra de los Bosques y de Cabrera en Chiva y Buñol hasta su desembocadura en l’Albufera, dejó un acumulado de 491 l/m2 en 24 horas. Esta torrencialidad somete al barranco a un régimen de avenidas súbitas de tipo flash-flood capaces de generar enormes picos de crecida en una cuenca que recorre la Hoya de Buñol, el sur del Camp de Túria y gran parte de l’Horta Sud.
Los últimos cálculos ofrecidos este viernes por la CHJ de los modelos hidráulicos que está realizando para el día 29 de octubre, aunque todavía no son definitivos, ofrecen caudales punta de más de 3.500 metros cúbicos por segundo (m3/s) en el cruce entre el barranco del Poyo y la pista de Silla.
Por tanto, la última de las 100 inundaciones del Poyo no solo ha duplicado con creces el caudal estimado para una avenida con un periodo de retorno de 500 años (1.420 m3/s), sino que ha multiplicado por 10 el caudal medio del Ebro en Amposta (333 m3/s) y superado el del Nilo (2.830 m³/s).
Barranco del Poyo: Las 100 inundaciones de la rambla «furiosa» en dos siglos y medio – Levante-EMV
100 inundaciones registradas en el Barranco del Poyo desde hace 250 años:
Nuestros antepasados ya sabían de la peligrosidad de este barranco, como por ejemplo Antonio José Cavanilles (el famoso científico ilustrado, botánico y naturalista valenciano), que lo describió (cuando todavía no existía el «cambio climático») diciendo de él, a finales del siglo XVIII, que “su profundo y ancho cauce siempre está seco, salvo en la avenidas, cuando recibe tantas aguas y corre furiosamente que destruye cuanto encuentra».
Se sabe de la peligrosidad del barranco desde hace siglos, esto no es nada nuevo, por mucho que nos quieran vender de que existe cambio climático. El botánico José Antonio Cavanilles ya hablaba de este barranco, a finales del siglo XVIII (en 1795, en su publicación de “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, poblaciones y frutos del Reyno de Valencia”), donde decía lo siguiente que podéis ver en relación a una inundación ocurrida un par de décadas antes:

El botánico Cavanilles detallaba así la riada que en el año 1775 asoló la población de Chiva, pudiendo entender que esto no era nada nuevo en ese momento. Desde entonces, hasta el trágico 29 de octubre de 2024, esta rambla furiosa ha registrado un total de 99 inundaciones (100 contando la actual) según datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) difundidos por el Ministerio para la Transición Ecológica. Este promedio de 2,5 avenidas por año explica que el Barranco del Poyo sea una área de Alto Riesgo Potencial Significativo de inundación (ARPSI).
El Barranco del Poyo está declarado como área de Alto Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSI) en el Plan de Gestión de Riesgos de Inundación (PGRI) de la Cuenca del Júcar desde el año 2011. Esto significa que se han elaborado los correspondiente mapas de peligrosidad y riesgo de inundación desde el año 2013.
Entre la documentación del PGRI figura la relación de 99 inundaciones históricas en el Barranco del Poyo. Su declaración como ARPSI y la elaboración de los mapas de riesgo aporta información relevante sobre su comportamiento.
Más información en Barranco del Poyo, área de riesgo potencial significativo de inundación (ARPSI)
Tal y como se recoge en Levante EMV a través de El Barranco del Poyo: las 100 inundaciones de la rambla «furiosa» en dos siglos y medio, «después de la de 1775, la más mortífera fue la de un mediodía de un 28 de septiembre, que dejó tres muertos, un matrimonio y su hijo, en Chiva. «Los materiales de derribo y deshecho, que después de la Guerra Civil habían sido vertidos a la rambla, obstruyeron el cauce agravando la crecida», detalla el informe. La crónica del diario Levante añade que en Chiva la riada destruyó «más de 10 casas» y que el matrimonio y su hijo «fueron arrastrados por la corriente al derrumbarse su casa. El padre fue hallado a más de 5 km», cifrando los daños «en más de 12 millones de pesetas» de aquella España de posguerra (tras la Guerra Civil española).
«Las mayores modificaciones territoriales tuvieron lugar a partir de los años sesenta. Enormes extensiones de huerta se transformaron en polígonos industriales y en nuevos barrios», se lee en el estudio, llegando algunos municipios «a conurbarse entre sí (Aldaia-Alaquàs, Sedaví-Benetússer-Alfafar)». El trabajo concluye que en la rambla del Poyo, los espacios más vulnerables a las inundaciones «durante el día están asociados a polígonos industriales y comerciales (en torno a los ejes de comunicación), y, por la noche, se limitan a las áreas residenciales».
Barranco del Poyo: Las 100 inundaciones de la rambla «furiosa» en dos siglos y medio – Levante-EMV
Otra de las inundaciones más graves fue la de la noche del 9 de noviembre de 1983, pues afectó a toda la cuenca. No se cobró vidas pero causó enormes pérdidas al inundar zonas industriales y residenciales de Chiva, Quart de Poblet, Aldaia y Riba-roja. Cortó las comunicaciones con Madrid al anegar la entonces N-III y la vía férrea Madrid-Cuenca en Aldaia. Solo en Chiva, según el diario Levante, la riada «arrastró 60 coches» y causó «400 millones de pesetas en daños» en una fábrica textil.
Dos siglos y medio después, la guadaña del Poyo se apunta su récord de vidas segadas con más de 200 «pobres que no pudieron evitar sus muertes». Las precipitaciones extremas desencadenadas por la DANA en la cabecera y zonas intermedias de esta rambla, cuya cuenca abarca 462 km2 desde la sierra de los Bosques y de Cabrera en Chiva y Buñol hasta su desembocadura en la Albufera, dejó un acumulado de 491 l/m2 en 24 horas. Esta torrencialidad somete al barranco a un régimen de avenidas súbitas de tipo flash-flood capaces de generar enormes picos de crecida en una cuenca que recorre la Hoya de Buñol, el sur del Camp de Túria y gran parte de l’Horta Sud».
Además, dadas las características de la zona donde se ubica el barranco, éste se presta a que de, forma periódica, se produzcan inundaciones más o menos grandes. Testimonios desde la época romana nos hablan de los numerosos desbordamientos del río Turia y sus cercanos cauces o barrancos.
De ello os hablamos en nuestro artículo, donde os mencionamos que «la ciudad de Valencia ha sufrido, a lo largo de su historia, numerosas riadas. Se sabe, por ejemplo, que en los registros de los 636 años transcurridos desde 1321 (con los “Llibres de Consell”) hasta 1957, se han contabilizado un total de 25 episodios de riadas en Valencia, en los años 1321, 1328, 1340, 1358, 1406, 1427, 1475, 1517, 1540, 1581, 1589, 1590, 1610, 1651, 1672, 1731, 1776, 1783, 1845, 1860, 1864, 1870, 1897, 1949 y finalmente 1957».
¿Sabías que la mayor riada de la historia registrada en la ciudad de Valencia ocurrió en el s. XVI?
De ello habla también muy bien la cuenta de TikTik @geologistspain, donde explica que las inundaciones son un fenómeno que está arraigado en la historia del suelo de nuestra región desde, al menos. tiempos de los romanos y que esto seguirá así, exista o no cambio climático (y no, no se trata de negacionismo, se trata de realidad histórica documentada).
@geologistsofspain Geologia Valencia #inundaciones ♬ Mysterious and sad BGM(1120058) – S and N
No podemos obviar, tampoco, de que gran parte de nuestra toponimia describe nuestra historia. Un claro ejemplo de ello es el siguiente tweet de X, que habla de zonas inundadas al paso del Barranco del Poyo.
La toponimia es la memoria de los lugares. Nos recuerda la naturaleza trágica de donde «sorprendentemente» desbordó el Barranco de Chiva:
– Foia (valenciano): depresión del terreno causada por la acción erosiva del agua
– Faitanar (árabe): la crecida del riachuelo#DanaValencia pic.twitter.com/24rR5RuSlS— Pablo Vera (@pablovera_g) November 5, 2024
Sobre el Barranco del Poyo:
El también llamado Barranco de Chiva, de Torrente o de Catarroja, está formado antes de llegar a la localidad de Cheste por la unión de tres barrancos: el Grande, la Cueva Morica y el de Chiva. Tiene una superficie de 462 kilómetros cuadrados y desemboca en la Albufera de Valencia tras combinar tramos de barranco natural, otros donde desaparece y un final encauzado.
«En su cruce con la A-3 el cauce es de 100 metros de ancho por cuatro, seis u ocho de alto. A partir de la A-3 desaparece y entra en el Llano de Quart, para volver aparecer en Torrent, desde donde va encauzado hasta la Albufera pero con un cauce muy limitado», añade el catedrático.
En Rambla del Poyo – Wikipedia podéis leer más sobre el recorrido desde su nacimiento hasta su desembocadura.
La fuerza del agua que bajaba por la rambla acabó por derrumbar varias columnas de uno de los puentes que une Torrent con Valencia, lo que provocó el derrumbe de los dos carriles de uno de los dos sentidos de la instalación pero también dañó otras instalaciones similares menores.
En la desaparición natural del cauce en el Llano de Torrent los daños del agua se extendieron. «Imagínate 1.000 metros cúbicos por segundo de agua corriendo libres», señaló Francés. El término ‘de crecida relámpago’, ha apuntado, hace referencia a la «velocidad de respuesta de la cuenca» que habitualmente va siempre seca pero que tiene un alto potencial de daños.
«Cuando evaluamos el riesgo para el Patricova (el ‘Plan de Acción Territorial de carácter sectorial sobre prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana’ de 2003) era de los más altos, solo por detrás del Segura, del Júcar o del Barranco Seco de Castellón, pero ahí la Confederación Hidrográfica del Júcar estuvo rápida e hizo actuaciones», valora.
«En 2007 realizamos un plan de gestión del riesgo con la CHJ y nos salía 15 millones de euros al año y las planificaciones de obras era de 150 millones, por lo que solo en daños directos ya era rentables hacer las obras», según este experto.
Los daños potenciales que recogía el estudio eran fundamentalmente urbanos e industriales, e incluían un riesgo para el aeropuerto de Manises. En este caso, los posibles daños agrícolas eran mucho menores.
Según Francés, más allá de su unión con el Barranco del Pozalet, el Poyo es una cuenca independiente, por lo que todo el caudal que bajó era en principio de las lluvias caídas en las horas previas.
«A la vora del riu, no faces el niu, i si el fas, fes-lo en l’estiu», «Vora del riu, no hi facis nius, ni d’hivern ni d’estiu», «Prop del riu, ocellet, no hi facis niu»… Son algunas de las voces tradicionales que nos recuerdan el peligro de riadas y la improcedencia secular de habitar las zonas inundables.
Sobre su peligrosidad:
«En el mapa de peligrosidad de 1996, antes de los estudios para el Patricova, ya lo teníamos detectado. Es un barranco típico de crecida relámpago», según detalló a EFE Félix Francés, catedrático de la Universitat Politècnica de Valencia y director del Instituto Universitario de Investigación de Ingeniería de Agua y Medio Ambiente.
También se habla en Levante EMV, a través del artículo Barranco del Poyo: Las 100 inundaciones de la rambla «furiosa» en dos siglos y medio, que «en un estudio de 2008 sobre la cartografía de la vulnerabilidad de la rambla del Poyo liderado por la catedrática de Geografía Física de la Universitat de València, Ana Camarasa, ya se destacaba que el problemas de las inundaciones originada por la dinámica torrencial de este barranco «se ha agravado a medida que se iba produciendo la expansión urbana».
«Las mayores modificaciones territoriales tuvieron lugar a partir de los años sesenta. Enormes extensiones de huerta se transformaron en polígonos industriales y en nuevos barrios», se lee en el estudio, llegando algunos municipios «a conurbarse entre sí (Aldaia-Alaquàs, Sedaví-Benetússer-Alfafar)». El trabajo concluye que en la rambla del Poyo, los espacios más vulnerables a las inundaciones «durante el día están asociados a polígonos industriales y comerciales (en torno a los ejes de comunicación), y, por la noche, se limitan a las áreas residenciales».
Otro estudio de julio de 2014 para el Ayuntamiento de Aldaia de la Oficina Técnica TES sobre la inundabilidad del Sector PP4, una zona urbanizable al sur del centro comercial Bonaire, recoge 6 de las avenidas del Poyo más relevantes hasta entonces».
El efecto embudo y el brutal caudal de la rambla del Poyo, una trampa mortal que propició la gran tragedia:
Tal y como bien relata Levante EMV en su artículo, el efecto embudo y el brutal caudal de la rambla del Poyo, claves en el desastre.
También sorprende a este ingeniero de caminos lo sucedido en en Chiva «que no estaba cartografiado ni de lejos. Nunca habríamos podido imaginar que en Chiva iba a pasar lo que ha pasado». En este municipio de la Hoya de Buñol se alcanzaron los 491 litros por metro cuadrado de precipitaciones. De ahí que considere lo sucedido en la Rambla del Poyo «la riada más grande de la Rambla del Poyo desde que se tienen datos», asegura el catedrático de Ingeniería hidráulica. Marco Segura también incide en lo sucedido en Alfafar y que explica por la falta de capacidad del barranco encauzado en Catarroja entre 2002 y 2006. «Si a la altura de Paiporta el caudal alcanzó los 2.300 metros cúbicos por segundo y el cauce en el barranco de Catarroja sólo caben 1.800 metros cúbicos por segundo, el resto se desborda por la comarca».
Dana en Valencia | El efecto embudo y el brutal caudal de la rambla del Poyo, claves en el desastre
La presa de Cheste que no se hizo en 2004 (y que podría haber minimizado impactos) porque Zapatero la descartó:
El 3 de julio de 2004 se publicaba en Las Provincias el artículo «El Gobierno anuncia la creación de una presa en Cheste para evitar riadas en 16 pueblos«. En dicho texto se hablaba de que la Confederación Hidrográfica del Júcar preveía actuaciones en los barrancos del Pozalet, la Saleta y el Poyo, por lo que cerca de una veintena de municipios ya no mirarían al cielo con temor cuando llegasen las tormentas, siendo este un plan contra riadas para 16 municipios que incluía la creación de una presa en Cheste.
Lo cierto es que aquel proyecto se canceló. ¿El motivo? Pues muy sencillo: un mes antes de esta decisión, el 18 de junio de 2004, el gobierno de Zapatero, que recién había entrado a gobernar, derogó el llamado Plan Hidrológico Nacional (PHN). Esto lo podéis ver en Real Decreto-ley 2/2004, de 18 de junio, por el que se modifica la Ley 10/2001, de 5 de julio, del Plan Hidrológico Nacional. El proyecto de la presa de Cheste llevaba mucho tiempo gestándose. De hecho, estaba integrado dentro de este citado plan, el cual incluía numerosas infraestructuras (tales como presas o trasvases y presas) con el fin de mejorar la distribución de agua entre las diferente cuencas del país.
El Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG) llama a la acción preventiva ante inundaciones:
El Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG), a través de su presidenta Nieves Sánchez Guitián, expresó que los desbordamientos de ríos son fenómenos recurrentes en nuestra geografía, catalogados como inundaciones con periodos de retorno que pueden oscilar entre 50 y 500 años. Sin embargo, factores como el cambio climático y modificaciones históricas en las infraestructuras, como desvíos de cauces y construcciones en zonas inundables, han alterado la frecuencia e impacto de estos eventos.
Los geólogos, como expertos en recursos hidrológicos, tienen la responsabilidad de apoyar a las administraciones en la gestión de estas situaciones, no solo para prevenirlas, sino para mitigar sus efectos en la población y las infraestructuras. Los geólogos no pueden predecir cuándo o donde van a producirse este tipo de fenómenos, pero si pueden indicar por donde van a discurrir esos cursos de agua y lodo analizando cómo la composición del suelo y la estructura geológica afectan el drenaje y la acumulación de agua. Esto es crucial para entender el impacto de la DANA en áreas específicas. Al estudiar la historia geológica y los patrones de inundaciones pasadas pueden identificar áreas vulnerables y ayudar en la planificación de medidas de mitigación.
Según los datos disponibles, más del 10% de la población española reside en zonas inundables, siendo las cuencas del Guadalquivir, Segura y Júcar las más afectadas. Si consideramos cuencas internas y otras áreas vulnerables, esta cifra podría alcanzar los 5 millones de habitantes.
El ICOG quiere enfatizar la necesidad urgente de actualizar los mapas de riesgos geológicos y su integración en los planes hidrológicos y de ordenación del territorio realizados por equipos multidisciplinares entre los que se encuentren profesionales de la geología por su gran conocimiento tanto de los fenómenos naturales como del terreno.
El Colegio también quiere destacar la importancia de implementar políticas de seguros que reflejen el riesgo real de inundaciones, una práctica común en Europa y Estados Unidos, pero ausente en España. Además, aboga por invertir en infraestructuras de control de inundaciones y en la elaboración de mapas de riesgo geológico que guíen el desarrollo urbano. Es imperativo que los usos del suelo se ajusten a los mapas de riesgo natural, como exige la ley, aunque lamentablemente, hoy en día muchas administraciones no aplican esta normativa.
Una estación meteorológica de Turís (Valencia) registró 771,8 l/m2 el día de la dana:
La estación meteorológica ubicada en el Mas de la Calabarra de Turís registró una precipitación acumulada diaria de 771,8 litros por metro cuadrado.
Esta cifra supera en casi doscientos litros los 445,4 litros que se registraron en Chiva, uno de los puntos donde se tenía constancia de una mayor precipitación en la última dana.
El referido observatorio de Turís registró asimismo una precipitación máxima en una hora de 184,6 l/m2, que es el valor máximo histórico registrado en España, por delante de los 159,2 l/m2 acumulados en Vinaròs el 19 de octubre de 2018.
En el transcurso de 14 horas, la misma estación meteorológica registró una precipitación máxima en media hora de 102,8 litros por metro cuadrado y en 10 minutos de 42 l/m2.
Esta precipitación total supera también los 520 l/m2 que se acumularon en Tavernes de la Valldigna (Valencia) el 11 de septiembre de 1996, en un episodio de gota fría que azotó la comarca valenciana de La Safor.
La mayor cantidad de precipitación registrada en la historia de España durante 24 horas son los 817 l/m2 de la localidad también valenciana de Oliva el 3 de noviembre de 1987.
Un caudal 5 veces superior al Ebro golpeó la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia:
Un caudal cinco veces superior a lo que vierte habitualmente el río Ebro al mar Mediterráneo golpeó la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia, más de 2.200 metros cúbicos por segundo que asolaron las poblaciones que encontró a su paso, entre ellas Picanya, Paiporta, Alfafar, Sedaví, Catarroja y Sedaví. Así figura en los datos recogidos del caudal de la Rambla del Poyo por el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), según informó a EFE, el responsable del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, el catedrático Jorge Olcina.
Olcina, que es expresidente de la Asociación de Geógrafos Españoles (AGE), explicó que los más de 2.200 metros cúbicos por segundo recogidos en la Rambla del Poyo fueron registrados por el SAIH poco después de las 19:00 horas del pasado martes, día 29, hasta que el sistema dejó de transmitir una hora después.
El caudal medio del Ebro a su paso por Zaragoza se sitúa en 461 metros cúbicos por segundo y en la desembocadura la cifra se eleva a unos 464, lo que refleja que la cantidad de agua que discurrió por el Barranco del Poyo durante la tragedia se multiplicó por cinco.
De seco a multiplicar por cinco el río Ebro
El mismo gráfico de la del SAIH señala que el barranco estaba prácticamente seco unas pocas horas antes, a las 16:00 horas, y que a partir de ese momento comenzó a registrarse una pequeña cantidad, que se disparó a partir de las 17:30, desde unos 250 metros cúbicos por segundo hasta cerca de 1.750 en torno a las 18:30. A partir de ahí siguió subiendo hasta pasar los 2.000 sobre las 19.30 durante una hora, momento en que se interrumpieron los datos.
Ese caudal de agua por un barranco «que suele estar seco» golpeó unas localidades densamente pobladas del cinturón de Valencia en uno de los peores momentos del día, coincidiendo con la salida del trabajo.
Oportunidad para elaborar un gran documento de adaptación al cambio climático, según Olcina
Olcina manifestó que esta dramática crisis tiene que servir de oportunidad «para que de una vez por todas el Gobierno valenciano elabore un gran documento de adaptación al cambio climático y a los fenómenos extremos». En su opinión, hay que acometer medidas urbanísticas y construcciones hidrológicas como presas en las cabeceras, el desvío de algunos cauces en poblaciones por donde pasan directamente y el desalojo de algunas zonas de riesgo ocupadas por viviendas y naves industriales.
También hay que impulsar «mucha ‘educación al riesgo’ en la sociedad, desde las escuelas y a la ciudadanía en general» porque hay que concienciar que «lo que llamamos ‘emergencia climática’ va en serio, con fenómenos que cobran una energía inusitada que luego padecen los ciudadanos».
Olcina indicó que se trata de medidas «que electoralmente no son agradables» pero que hay que desarrollar «con altura de miras política y pensando a medio y largo plazo» porque, ha recalcado, la Comunitat Valenciana es la región de riesgo «más importante de Europa» en inundaciones tanto por su frecuencia como por la población instalada en esta parte del Mediterráneo.
Como ya hemos mencionado anteriormente, y sin desprestigiar al señor Olcina (con la mención histórica de Cavanilles o el refranero valenciano), no se trata de cambio climático, sino de sentido común y de memoria histórica. Sin embargo, hay más voces que advierten de ello, las cuales vamos a relatar a continuación.
Geografía de la ‘zona cero’ de la DANA: de la histórica huerta a un 90% artificializado.
El 90 por ciento del suelo de la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia, la comarca de l’Horta Sud, está «artificializado» con viviendas, polígonos industriales o áreas comerciales, una situación bien distinta a su tradición histórica de ser uno de los mejores ejemplos de la huerta mediterránea. Así se deduce de un trabajo de la catedrática de Geografía Humana de la Universitat de Valencia (UV) María Dolores Pitarch, que apunta que alrededor del 80 por ciento de las casas se han construido a partir de la década de 1970 y han transformado una comarca que, como su propio nombre indica, era eminentemente agrícola, según se relata en un artículo de EFE.
La ‘zona cero’ de la DANA abarca unas 2.200 hectáreas con unos 325.000 habitantes del área metropolitana de Valencia entre Alaquàs, Aldaia, Alfafar, Benetússer, Beniparrell, Catarroja, Lloc Nou de la Corona, Massanassa, Paiporta, Pincanya, Sedaví, Torrent, Xirivella y el distrito Poblats del Sur de la ciudad de Valencia, especialmente La Torre y Castellar.
El ingente caudal de agua del pasado 29 de octubre, el equivalente a cinco veces lo que vierte el Ebro al mar, anegó la superficie que ocupan unas 75.000 viviendas en un área donde las carreteras principales registran una intensidad media diaria de más de 125.000 vehículos, de los que el 7 por ciento son pesados.
Una gran parte de los edificios se erigieron entre 1970 y 1980 mientras que sólo una mínima, uno de cada diez, se ha levantado a partir de la aprobación del Plan de Acción Territorial para la Prevención del Riesgo de Inundación (Patricova), en 2003. La altísima tasa de urbanización hace que «el agua no drene e, incluso, coja una velocidad aún mayor de lo normal», según indicó la catedrática de la UV.
El abandono de la agricultura provocó cambios en el uso del suelo
Pitarch hizo hincapié en que tradicionalmente esta área entre el río Turia y la Albufera, atravesada por el Barranco del Poyo, era de huerta, tal y como atestiguan algunos elementos de la arquitectura tradicional diseminadas, del tipo alquería. Pero el abandono de la agricultura por la falta de rentabilidad y la ausencia de relevo generacional, además la transformación hacia una economía industrial y de servicios, ha causado cambios en los usos del suelo.
Igual que con las viviendas, a partir de 1979 y especialmente desde 1990 se ha perdido superficie agrícola a beneficio de nuevos polígonos industriales, con la particularidad de que se ha hecho con una «planificación inconexa y con poca visión de escala» ya que «cada municipio organizaba su territorio pensando únicamente en su término, sin coordinarse con los demás».
De esta manera, proliferan los polígonos industriales «sin una visión a escala comarcal» y se solapan unos con otros en municipios, a menudo, de muy escaso tamaño y muy próximos entre sí. Esto ocurre, por ejemplo, con una de las poblaciones más dañadas por la DANA: Benetússer, con una superficie de menos de 1 kilómetro cuadrado o Sedaví, con menos de 2 kilómetros cuadrados de superficie, cuyo suelo está «artificializado al cien por cien». «Si se construye un polígono en Picanya no hace falta en la vecina Paiporta, o viceversa», según Pitarch, para evitar que «se reproduzcan sin un sentido lógico».
Desde el último tercio del siglo XX se han ocupado muchas zonas inundables
Desde el último tercio del siglo XX se han ocupado demasiadas zonas inundables con barreras arquitectónicas «muy localistas» y «pensando más en el beneficio a corto plazo que en el medio ambiente o la sostenibilidad», elementos que, además, dificultan la movilidad. «La falta de esta planificación coordinada, organizada y con criterios de sostenibilidad ha sido de lo más habitual en esta zona», según Pitarch.
Añade que uno de cada cuatro habitantes de la ‘zona cero’ tiene estudios universitarios y más de la mitad medios o profesionales, lo que supone que el 75 % tenga una formación de tipo medio como corresponde a personas eminentemente trabajadoras en la industria o los servicios. Además, el 10 % de la población de l’Horta Sud es inmigrante, y de ellos tres de cada cuatro extracomunitarios, es decir, población trabajadora.
La tasa de paro en estos municipios se sitúa en una media del 12 por ciento, aunque en algunos como Alaquàs, Alfafar y Torrent la media sea superior al 15 %.
La relación de todo este eje con la ciudad de Valencia y el resto de municipios de l’Horta Sud es «muy intensa» porque es habitual que «se viva en una población y se trabaje en otra», lo que vaticina que los estragos en las carreteras y ferrocarriles afectarán a un «número elevadísimo de personas, más aún cuando muchas han perdido su coche».
«Esta situación debería hacernos reflexionar sobre la necesidad urgente de una adecuada ordenación del territorio, más en espacios de riesgo», advirtió la experta de la UV.
La «falsa sensación de seguridad» de los vecinos que viven en zonas inundables:
Buena parte de la población que vive o trabaja en zonas con alto riesgo de inundación en periodo de lluvias a orillas del Mediterráneo, sobre todo los más jóvenes, tiene una «falsa sensación de seguridad» sobre el territorio que habitan. Así lo expone el profesor de Geografía Física de la Universitat de Valencia (UV) Iván Portugués Mollà, quien ha señalado a EFE que cuando una parte de la población no ha vivido previamente un episodio de riadas carece del concepto de «memoria climática» y, a menudo, desconoce «que vive o trabaja en una zona de elevada peligrosidad».
Esto se traduce en que cuando hay lluvias intensas coja el vehículo, baje al garaje para sacar el automóvil y, en general, actúe «con normalidad cuando la realidad es que a pocos kilómetros viene la crecida».
«Hemos perdido la percepción del riesgo en gran medida porque esos barrancos, como el del Poyo, generalmente no llevan agua», según Portugués, quien ha explicado que normalmente en el imaginario de quienes no han vivido un fenómeno natural de estas características es que lo comparen con un río atlántico, donde el nivel sube poco a poco a lo largo de las horas.
«Sin embargo, en este caso se trata de crecidas súbitas y efímeras, de manera que en un momento dado no hay apenas agua y», ha incidido, «en menos de una hora está lleno y poco después se produce el desbordamiento».
El experto de la Universitat de Valencia ha repetido que «son fenómenos muy rápidos» que se producen, a menudo, en poblaciones donde no llueve y por precipitaciones registradas poco antes a unos 30 kilómetros cuenca arriba.
Se hacía vida normal pese a los avisos meteorológicos
Así ocurrió el pasado 29 de octubre, puesto que llovió en la Hoya de Buñol mientras que en las poblaciones del área metropolitana de Valencia, el epicentro del drama de la DANA, no caía nada y eso favoreció «que la gente hiciera la vida normal a pesar de los avisos meteorológicos y al llegar el caudal no supiera qué pasaba y que ese agua provenía del barranco».
Para Portugués, en los municipios de l’Horta Sud se desconoce que, además del Barranco del Poyo, hay otros menores entre los ríos Turia y Júcar sobre los que en las últimas décadas se ha ido construyendo y urbanizando en una conurbación «que ha crecido mucho». «Se ha ido urbanizando, cubriendo y estrechando las salidas de agua, lo que ha desdibujado los barrancos» para, según el especialista, crear un nuevo escenario en el que se ha distorsionado la realidad geográfica.
Hay mucha normativa en riesgos naturales, pero no llega al ciudadano
El experto en Geografía Física de la UV apuesta por el desarrollo de protocolos de autoprotección para saber qué hacer, por ejemplo no coger un coche, teletrabajar y situarse en alto y evitar las zonas bajas, así como por un mejor conocimiento del territorio.
«Este país tiene mucha normativa en cuestión de riesgos naturales pero esa información no llega al ciudadano», según Portugués, quien cree solamente una pequeña parte de la población sabe interpretar los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), una alerta hidrológica o un nivel de emergencia del Centro de Coordinación de Emergencias.
Precisamente, al departamento de la Geografía de la UV le han concedido recientemente un proyecto nacional de investigación en la educación del riesgo con el fin de que la población conozca si hay una elevada exposición al riesgo y además formar en estrategias de autoprotección.
Dicho todo lo anterior, queda claro que habría que tener más memoria histórica y atender a lo ocurrido desde hace siglos, además de empezar a cambiar nuestro modelo de vivir cercanos a barrancos o ramblas y, por último, olvidarnos de enfrentamientos como el que han protagonizado (entre ellos) AEMET, CHJ, Generalitat Valencia y Gobierno de España.
Fuentes:
- Fotografía de portada de Luis Vallés Cusí @lvallescusi – X
- EFE
- Rambla del Poyo – Wikipedia
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