La Casa Museo Benlliure conserva en su interior uno de los jardines privados más singulares de la Valencia del siglo XIX, un espacio que, a pesar de las numerosas intervenciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo, continúa manteniendo una esencia directamente vinculada a sus propietarios originales, los pintores José y Peppino Benlliure. Hoy os descubrimos este jardín que revela al visitante una lectura mucho más compleja: la de un espacio histórico vivo, construido por capas, reinterpretado y adaptado a lo largo de más de un siglo.
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Un legado artístico con historia familiar:
Oculta a los ojos del caminante tras la casa ubicada en la calle Blanquerías que fue residencia de José Benlliure, este jardín se ha convertido en uno de los rincones poco conocidos del patrimonio valenciano, pese a su enorme valor artístico, paisajístico y simbólico. La reciente intervención sobre uno de sus elementos y la programación de una exposición específica han vuelto a situar el foco sobre este enclave único.
El conjunto forma parte del legado de la familia de artistas Benlliure, encabezada por el pintor José Benlliure Gil (30 de septiembre de 1855 – 5 de abril de 1937), figura esencial de la pintura valenciana de finales del siglo XIX y principios del XX. Nacido en el barrio del Canyamelar, desarrolló una extensa carrera artística entre Valencia y Roma antes de regresar definitivamente a la ciudad. La vivienda fue adquirida por el artista el 22 de agosto de 1896, aunque durante años mantuvo una vida entre Valencia y la capital italiana, donde desarrolló buena parte de su trayectoria profesional. No sería hasta 1912, con su regreso definitivo a Valencia, cuando la casa se consolidaría como residencia estable y centro de su vida familiar y artística.
La propiedad pasó a manos del Ayuntamiento de Valencia en 1957, cuando María Benlliure Ortiz, hija del pintor, la donó al consistorio con la condición de que se convirtiera en un museo dedicado a la memoria de José Benlliure Gil y de su hijo José Benlliure Ortiz, conocido como Peppino. Tras décadas de proyectos, reformas y adaptación museográfica, la Casa Museo fue inaugurada oficialmente el 25 de junio de 1982 convirtiéndose en un espacio destinado a preservar y mostrar el legado de la saga familiar.
Un jardín diseñado como extensión de la vida doméstica:
El jardín de la Casa Museo Benlliure no es un elemento añadido, sino una parte esencial del proyecto vital y artístico de la familia. Diseñado por el propio José Benlliure y desarrollado posteriormente en un proceso compartido con su hijo Peppino, con múltiples fases de transformación, ocupa el antiguo huerto del Convento del Carmen y responde a la tipología del jardín burgués valenciano de finales del siglo XIX: cerrado, íntimo y concebido como prolongación natural de la vivienda.
En su interior conviven especies mediterráneas como naranjos, limoneros, cipreses, pinos o jazmines, junto con una extraordinaria acumulación de piezas cerámicas, restos arquitectónicos y elementos ornamentales procedentes de conventos e iglesias desaparecidas. Este carácter híbrido convierte el jardín en un espacio entre lo doméstico, lo artístico y lo coleccionista.

Al fondo del recinto se encuentra el estudio de José Benlliure, construido en 1902, junto a espacios vinculados a su hijo Peppino. Este conjunto refuerza la idea de que el jardín no era un escenario decorativo, sino una extensión directa del proceso creativo de la familia.
Un espacio construido por capas históricas:
Aunque el discurso institucional subraya la continuidad de sus características esenciales, el jardín de la Casa Museo Benlliure debe entenderse como un espacio estratificado, resultado de múltiples transformaciones a lo largo del tiempo, tal y como bien se mencionan Elisabet Quintana Seguí y Javier Pérez Igualada en El jardín histórico en un contexto de crisis climática. Jardín de la Casa-Museo Benlliure en Valencia, un estudio sobre este espacio que ha experimentado diversas transformaciones a lo largo de los años y que plantea importantes interrogantes sobre su conservación en el contexto actual de crisis climática.
Desde su origen como jardín privado hasta su etapa actual como espacio museístico público, el recinto ha experimentado intervenciones especialmente intensas a partir de 1965, cuando se plantea una intervención integral del edificio bajo criterios del arquitecto Emilio Rieta, que afectó de forma significativa a la vivienda y también al jardín. En esta fase se introducen elementos como nuevos paneles cerámicos en los muros, fuentes y setos recortados que modifican parcialmente su carácter original.



Lejos de responder a una única fase histórica, el jardín actual es el resultado de una superposición de decisiones que dialogan con su origen, generando una lectura compleja donde conviven la memoria, la restauración y la evolución del uso.
El paellero y la lógica del jardín doméstico:
La reciente restauración de uno de los elementos del conjunto, tradicionalmente identificado como paellero o cocina campera, ha reactivado el interés por este espacio que es, sin duda alguna, uno de los elementos más singulares del conjunto ajardinado. Su cronología, sin embargo, se sitúa en etapas posteriores a la vida de José Benlliure, lo que lo vincula más a las transformaciones del conjunto en época contemporánea que al diseño original del pintor.

Situado en uno de los laterales del jardín, junto al estudio-taller del pintor, este espacio forma parte de la evolución histórica de la finca y ayuda a comprender cómo fueron transformándose los usos domésticos y sociales de la propiedad a lo largo del siglo XX.

Aunque la vivienda fue adquirida por José Benlliure en 1896 y el jardín comenzó a configurarse a finales del siglo XIX, el paellero es una incorporación posterior. Según la documentación conservada, su construcción se sitúa entre finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, siendo posteriormente reformado entre 1979 y 1982 durante las obras de adaptación de la casa como museo municipal.
La intervención, recientemente concluida en este primer semestre de 2026 con una inversión municipal de 12.357,05 euros, ha consistido en la consolidación estructural y restauración integral de su cubierta, que presentaba un avanzado estado de deterioro provocado principalmente por la acumulación de pinocha y restos vegetales procedentes del abundante arbolado del jardín. Esta situación había favorecido la aparición de filtraciones de agua y el progresivo deterioro de la estructura portante.
Los trabajos han incluido el desmontaje completo de la cubierta de teja vidriada, la retirada de los elementos de madera dañados, el saneamiento de los muros y la reconstrucción de la estructura mediante nueva carpintería tratada y materiales compatibles con los originales. Así mismo, se han recuperado y reutilizado las piezas cerámicas que se encontraban en buen estado y se han incorporado nuevas tejas elaboradas artesanalmente por maestros ceramistas, siguiendo criterios de compatibilidad formal, dimensional y cromática con las históricas.
Más allá de su función práctica, el paellero constituye hoy un testimonio de las distintas etapas por las que ha pasado la Casa Museo Benlliure. Su restauración no solo garantiza la conservación de un elemento integrado en el jardín histórico, sino que contribuye a preservar una parte menos conocida de la memoria material del conjunto, donde conviven espacios concebidos por la familia Benlliure con aportaciones y transformaciones posteriores que también forman parte de su historia.
El jardín como espacio representado:
El jardín no solo fue vivido, sino también representado en la obra de los propios Benlliure. Un ejemplo significativo es el lienzo “Mi hija María en el jardín”, conservado en el Museo de Bellas Artes de Valencia, fechado en torno a 1920. La obra refleja el uso del jardín como espacio íntimo y cotidiano durante la etapa final del pintor en Valencia.

Este tipo de representaciones permite entender el jardín no solo como un espacio físico, sino como un escenario emocional y artístico donde la vida familiar se integra en la creación pictórica.
Una nueva lectura a través del dibujo:
La comprensión contemporánea del jardín se ha ampliado gracias a la exposición “Projectes i dibuixos. El jardí dels Benlliure”, inaugurada el pasado 28 de abril de 2026 y visitable hasta el 13 de septiembre de este mismo año en la propia Casa Museo.
La muestra reúne 64 dibujos realizados por José y Peppino Benlliure entre 1908 y 1917, muchos de ellos inéditos hasta ahora y descubiertos en el marco de la investigación doctoral de la investigadora Elisabet Quintana, comisaria de la exposición y co-autora de la anteriormente citada investigación de El jardín histórico en un contexto de crisis climática. Jardín de la Casa-Museo Benlliure en Valencia.
Estos documentos gráficos permiten reconstruir el proceso de concepción y transformación del jardín y de los espacios anexos a la vivienda, revelando cómo los Benlliure no solo habitaron el lugar, sino que lo proyectaron y redefinieron de forma continua.
La exposición incorpora además esculturas, fotografías y maquetas que contextualizan la evolución del conjunto, mostrando el tránsito desde un espacio de carácter hortícola hasta un jardín concebido como escenario representativo de la vida familiar y social.
El análisis de estos materiales permite comprender el jardín como el resultado de un proceso compartido de transformación entre padre e hijo, donde el dibujo funciona como herramienta de proyecto y no solo como expresión artística, sino como instrumento para imaginar, ensayar y construir el espacio habitado.
Jardín histórico, infraestructura verde y refugio climático:
Desde una perspectiva contemporánea, el jardín de la Casa Museo Benlliure puede interpretarse también como un elemento activo dentro de la infraestructura verde urbana de Valencia. Su carácter cerrado, su masa vegetal y su microclima lo convierten en un pequeño refugio climático en el tejido urbano.
En este sentido, los jardines históricos no son únicamente piezas patrimoniales, sino también espacios con función ecológica y social. Su vegetación, sombra y estructura contribuyen a generar condiciones ambientales más suaves que las del entorno urbano inmediato, reforzando su papel como oasis de tranquilidad en la ciudad.
Un patrimonio en equilibrio entre conservación y evolución:
El análisis del jardín revela una realidad compleja: la convivencia entre la voluntad de preservar su esencia histórica y la necesidad de adaptarlo a usos contemporáneos como espacio público y museo.
La transformación del jardín privado en un espacio museístico ha implicado cambios inevitables en su estructura, vegetación y gestión. Sin embargo, persisten valores esenciales como su carácter cerrado, su intimidad y su función como transición entre la vivienda y la ciudad.
El reto actual no consiste en reconstruir un pasado idealizado, sino en comprender el jardín como un organismo histórico en constante evolución, donde cada intervención forma parte de una narrativa más amplia.
Un jardín que sigue contando su propia historia:
El jardín de la Casa Museo Benlliure no es solo un vestigio del pasado, sino un espacio activo dentro de la Valencia contemporánea. Su valor reside tanto en su origen como en su capacidad de seguir generando lecturas nuevas desde el arte, la historia y el paisaje.
En un momento en el que la ciudad reinterpreta su patrimonio desde una perspectiva más amplia, este jardín se consolida como un espacio donde conviven memoria, creación y naturaleza, más allá de su función museística.
Para conocer este singular jardín histórico hay que visitar la Casa Museo Benlliure, situada en la calle Blanquerías nº23 de Valencia). El museo abre de martes a sábado de 10:00 a 14:00 horas y de 15:00 a 19:00 horas, mientras que los domingos y festivos puede visitarse de 10:00 a 14:00 horas. La entrada general tiene un precio de 2 euros y los domingos y festivos el acceso es gratuito. Además del jardín, la visita permite recorrer la vivienda histórica, los estudios de los artistas y la exposición temporal «Projectes i dibuixos. El jardí dels Benlliure», que permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre.
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